El Origen del Corán I

Un estudio crítico de las teorías sobre la autoría del Corán

El Origen del Corán I

Alabado sea Allah, Señor del universo, no hay más dios que Él, el Más Misericordioso. Creó al hombre de arcilla, y le dotó de la inteligencia para que pueda transitar por el sendero recto y distinguir entre el bien y el mal. Que La Paz y Bendiciones de Allah sean con Muhámmad, Su siervo y mensajero; cumplió su misión e hizo llegar El Mensaje, y sean con toda su familia, compañeros y seguidores hasta el Día del Juicio Final. Amén.

Desde que el profeta Muhámmad se presentó ante sus compatriotas recitando el Corán con el mensaje de la Unicidad de Dios (Allah)[1] hace catorce siglos, se han levantado miles de personas en contra de este mensaje; unos usando la fuerza y otros tratando de apoyar su rechazo con argumentos científicos. Es de estos últimos que trata este magnífico libro, conciso, revelador y abrumador en sus conclusiones.

El autor analiza, una por una, todas las diferentes teorías que han sido sugeridas en torno al tema del origen del Corán, con la sinceridad y objetividad que deberían caracterizar a todo aquel que quiere llegar a la verdad. El Sr. Njozi presenta ante el lector catorce siglos de teorías y explicaciones sobre el origen de este libro que cambió el curso de la historia universal.

Y es que la gravedad e importancia del contenido del Corán, no amerita menos que una concienzuda investigación sobre su origen. Muchas personas alegaron haberlo hecho y recibieron grandes lauros entre su gente por las teorías que resultaron de su trabajo. Armados de esa maquinaria que llamamos ciencia, escudriñaron la vida y obra de Muhámmad hasta los más ínfimos detalles, para luego presentar alguna teoría que con el pasar del tiempo se convirtió, en la mayoría de los casos, en una excusa para rechazar al Corán y, claro está, al Islam.

Dentro de la serie de libros traducidos y editados en castellano por el Centro Islámico Boliviano para la divulgación del Islam, destaca este libro dirigido a un selecto grupo de lectores, aquéllos que recibieron el don del conocimiento y del estudio, que capacita al ser humano para distinguir lo correcto de lo errado, y que tal vez ayude a quitar ese prejuicio, muy común en nuestro medio, de que el Islam está en contra del desarrollo y la ciencia, y que, al igual que otras religiones, saldría perdiendo ante los argumentos científicos. Nada más lejos de la verdad; pero dejemos que el lector lo juzgue por sí mismo.

Hay algunas consideraciones necesarias al empezar a leer este libro:

  • Se hace casi imprescindible tener a la mano una traducción del significado del Corán, para constatar la veracidad de los diferentes argumentos del autor. Tal vez sea esta una oportunidad para que conozcamos el Corán y nos formemos una opinión sobre él, basada en nuestra propia experiencia, y no en lo que otros nos puedan contar.
  • Debe considerarse, en las citas bíblicas, las diferencias que existen entre una versión y otra de La Biblia, pues ésta fue revelada originalmente en lenguas semitas y no contamos con los originales. En el caso del Corán, el original es único y universal, sin embargo, a veces las diferencias se hacen grandes entre las distintas traducciones y debemos esforzarnos para llegar a la más aproximada, así como a la mejor comprensión de la palabra divina. Pero el fin de conocer la verdad sobre nosotros y nuestro mundo justifica todo esfuerzo.
  • La traducción coránica que usamos es la del Filólogo Abdelghani Melara Navio (Editorial Kutubia, Granada), aunque ocasionalmente preferimos otras, como la de Maurice Bucaille.
  • Sería de gran ayuda disponer de alguna biografía de Muhámmad, como apoyo para comprender las circunstancias de la revelación del Corán y el ambiente que rodeaba a los personajes. De igual forma, sería necesario que la biografía no sea de autores que tendrían algún interés en desprestigiar a Muhámmad y a su mensaje.
  • Debemos ponernos al nivel del tema y tratar, dejando los prejuicios de lado, de llegar a una conclusión imparcial y justa ante los argumentos presentados en este libro.

Esperamos que este ejemplar sea de utilidad para musulmanes y no musulmanes en busca de la verdad, y Dios es la verdad. Por cierto que Allah no deja sin recompensa el esfuerzo de los que obran.

Agradecemos a todos los que colaboraron en la traducción y edición de este libro, en nombre del traductor y toda la directiva del Centro Islámico Boliviano... muchas gracias y que Dios les recompense por sus obras de bien. Amén.

Lic. Isa Amer Quevedo

Jefe del Departamento de Traducciones del Centro Islámico Boliviano

Santa Cruz de la Sierra, Junio de 1997

Lic. Muhámmad isa García

Departamento español de www.islamhouse.com

Warrenton, EEUU, Febrero de 2008

INTRODUCCIÓN

¿Quién es el autor del Corán?

Sobre este tema se contradicen flagrantemente los estudiosos. Este trabajo trata de hacer una revisión crítica sobre las principales teorías que abordan la autoría del Corán; usando para ello argumentos lógicos, evidencia histórica, análisis textuales y datos científicos.

Probablemente el único punto de consenso acerca del Corán, es que éste fue recitado por primera vez por un hombre con el nombre de Muhámmad, nacido en La Meca, una ciudad de Arabia, en el siglo séptimo después de Cristo.

En cuanto a las fuentes del Corán, los eruditos están divididos en tres grupos principales:

 Aquellos que creen que Muhámmadfue el autor del Corán.

  1. Aquellos que creen que Muhámmad no fue el autor sino que le fue “inculcado” por alguien más o por varios otros autores.

 Aquellos que creen que el Corán no tiene autor humano sino que es una revelación, palabra por palabra, de Dios.


CAPÍTULO I

MUHAMMAD COMO AUTOR

Comenzaremos examinando los argumentos de los estudiosos que consideran a Muhámmad el autor del Corán. Para apreciar su posición es importante tener en cuenta lo que este libro tiene que decir acerca de su origen; el Corán declara contundentemente:

 “Éste es el Corán Sagrado...Y ciertamente es una revelación procedente del Señor del universo[2]”.

Una afirmación similar aparece en muchos otros lugares[3]. Más aún, su forma de dirigirse al oyente da la impresión de que emana del Creador hacia la criatura. Todos los capítulos, excepto el número nueve, comienzan con las siguientes palabras:

En el nombre de Dios, El Clemente, El Misericordioso.

El discurso es en primera persona; y en numerosos puntos Dios manda a Muhámmad dirigirse a la gente, diciendo: ‘Dí’ (¨Qul¨ en árabe); de hecho, esta orden aparece más de 332 veces en el Corán[4]. Otros imperativos como: “Proclama”, “Recita”, “Glorifica a tu Señor”, “Póstrate”, han sido también usados[5] en este libro. Aunque ya es una negación de cualquier autoría humana afirmar que es una revelación divina, el Corán también hace la declaración categórica que ningún ser humano o genio pudo haberlo producido[6]:

 “Diles: Si los hombres y los genios se unieran para hacer un Corán similar, no podrían lograrlo aunque se ayudaran mutuamente”.

Además de esta afirmación de la revelación divina, más la enfática negación de un origen humano, el Corán mismo proporciona el método que serviría para probar su falsedad y refutarlo[7]:

“Si dudáis de lo que le hemos revelado a Nuestro siervo [Muhámmad] traed una sura similar, y recurrid para ello a quienes tomáis por socorredores en lugar de Allah, si es que decís la verdad. Si no lo hacéis, y por cierto que no podréis hacerlo, guardaos del fuego que ha sido preparado para los infieles y cuyo combustible serán hombres y piedras”.
Y en respuesta a la acusación acerca de que Muhámmad era el autor del Corán, se le mandó decir[8] al Mensajero:

“Diles [¡Oh, Muhámmad!]: No me es permitido modificarlo, sólo sigo lo que me ha sido revelado. Por cierto que temo que si desobedezco a mi Señor me azote el castigo de un día terrible”.

También se les dice a los que criticaban a Muhámmad, que reflexionasen sobre el hecho de que él había vivido entre ellos por 40 años, sin haber mostrado ninguna señal de grandes conocimientos, ni siquiera alguna inclinación por la poesía. Él era de hecho analfabeto, entonces ¿cómo podrían explicar que ahora él recitaba el Corán, que es incomparable en sublimidad? El mismo Corán dirigiéndose a Muhámmad dice[9]:

“Y tú no sabías leer ningún tipo de escritura, antes de que te fuera revelado [el Corán], ni tampoco trascribirla con tu diestra; porque de haber sido así hubieran podido sembrar dudas [acerca de ti] los que inventan mentiras”.

Aparte de estas citas, Muhámmad declaró en muchas ocasiones que él no era el autor del Corán[10] y a pesar de esto, cierto número de eruditos está convencido de que él lo hizo, implicando con ello que Muhámmad mintió deliberadamente cuando atribuyó el Corán a Dios. Estos eruditos han atribuido diferentes motivos para este aparente engaño:

Charles Hamilton, traductor de “La Hidaya: Un comentario sobre leyes islámicas” dice en el prefacio de su traducción:

“¿Quién fue el autor de esta extraordinaria combinación de declamación y preceptos? Esto deberá mantenerse siempre como una incertidumbre. Sobre este punto hubo mucha controversia, incluso desde los tiempos de los primeros oponentes de Muhámmad y su misión; a pesar de esto, el hecho de que él fue el principal autor está fuera de duda, aunque es probable que haya recibido mucha asistencia de otros en su composición[11]”.

Hamilton acaba diciendo que Muhámmad era un impostor; pero no indica ningún motivo en su teoría. La misma posición es adoptada por Richard Bell, quien escribe en el prefacio de su traducción “El Corán traducido con un reordenamiento crítico de las suras”, que Muhámmad mismo escribió el Corán[12].

Por su parte, en su libro “Weber y el Islam: Un estudio crítico”, Bryan S. Turner dice que Max Weber consideraba a Muhámmad como un oportunista y que sus seguidores estaban motivados solamente por las perspectivas de botín y ganancias económicas[13]. Según Weber, Muhámmad se habría dado cuenta que apelar a la piedad y la rectitud moral no lo ayudaba a alcanzar sus ambiciones de poder político, gloria y ganancias económicas; por lo tanto movilizó guerreros para conseguir su objetivo.

Weber va más lejos aún al decir que el Profeta “más y más claramente” se daba cuenta que su posición dependía de la exitosa movilización de tropas, a quienes Weber identificó como los transportadores de la nueva religión.

Hay varias ideas que resaltan del argumento de Weber: Habiendo fallado Muhámmad en afianzarse dentro de La Meca, de las piadosas reuniones secretas pasó a apelar a los guerreros (los creyentes). Su mensaje monoteísta fue moldeado incisivamente, en términos de dinamismo militar, hacia una casta de guerreros y la doctrina social fue orientada casi totalmente a la meta de preparar psicológicamente a los creyentes para la batalla, a fin de mantener el mayor número de fieles disponibles en nombre de la fe. Tales guerreros no estarían motivados por pura devoción al carisma del Profeta sino por las perspectivas de tierra y poder. Por lo tanto, la guerra religiosa en el Islam sería simplemente una empresa dirigida hacia la adquisición de extensos territorios, pues estaría orientada al interés feudal por la tierra[14].

Kenneth Cragg en “El llamado del Minarete”, argumenta que el texto coránico estaría probablemente basado en tradiciones orales, pero que Muhámmad lo atribuyó a Dios porque quería salvar a su gente de la insensatez criminal de la idolatría. El Corán, según Cragg, es una expresión de la profunda observación de Muhámmad sobre el mundo que le rodeaba:

“Tal fue el origen y el significado de la llamada de Muhámmad, desarrollada en un ambiente “tosco” donde las conclusiones de una concienzuda observación de la escena contemporánea, se articularon en una llamada personal a la prédica y la amonestación en la ciudad[15]”.

Por su parte, Arthur J. Arberry en su prefacio de “El Corán interpretado”, sostiene una opinión parecida:

“La evidencia más bien nos muestra, que en todo lo que hizo y escribió Muhámmad actuó por un deseo sincero de liberar a sus compatriotas de la estupidez de sus degradantes idolatrías, que estaba urgido por un intenso deseo de proclamar la gran verdad de la unicidad de la Deidad, la cual, había tomado total posesión de su propia alma, que el fin a ser alcanzado justificaba, en su mente, los medios que adoptó en la creación de sus suras, que el se sugestionó a sí mismo hasta alcanzar la creencia de que había recibido una llamada divina; que por fuerza de las circunstancias, por su éxito gradualmente alcanzado llegó a creerse el acreditado mensajero del cielo[16]”.

Según M.M. Mulokozi fue el bien arraigado deseo de liberar a su tierra natal, Arabia, de la dominación imperialista, lo que llevó a Muhámmad a adoptar la profecía como medio para unificar a su gente con el fin de combatir a los opresores:

“Políticamente, el Islam emergió de una situación colonial y de opresión. El movimiento islámico fue hasta cierto punto, un intento de parte de los árabes de liberarse de la opresión de esos tres poderes imperialistas. El rol del Islam sería, según lo dicho, el de fomentar un espíritu de nacionalismo entre los árabes y conducirlos a luchar contra sus opresores. El medio empleado para conseguir aquella unidad fue el de la profecía, un tema muy adecuado para las extensamente vigentes experiencias de siglos de antigüedad entre la gente del Medio Oriente[17]”.

La “Nueva Enciclopedia Católica¨ también sugiere que la llamada profética de Muhámmad, fue tan sólo un medio para la unificación:

“Alrededor de los cuarenta años recibió su “llamada profética” para unir a los árabes bajo el monoteísmo[18]”.

Resumiendo, la atribución de una fuente divina al Corán por parte de Muhámmad, habría sido motivada, según estos autores, por el beneficio económico, la búsqueda de poder, la reforma moral o la liberación política de su gente. Sin embargo, las mencionadas teorías presentan numerosos problemas en sus propias justificaciones; empezaremos con la teoría del beneficio personal.


CAPÍTULO II

EL BENEFICIO MATERIAL COMO MOTIVO

Por más argumentos que se usen, la forma más fácil no es siempre la mejor. Muchos dirán: “Tal vez Muhámmad estaba tras el premio mayor; por eso atribuyó el Corán a Dios para poder enriquecerse aún más”. Esta hipótesis va en contra de toda verdad histórica. La situación económica de Muhámmad era mejor antes de la profecía que después de ésta. A sus 25 años (15 años antes de proclamar su profecía) se casó con Jadiya, quien era una rica comerciante. En cambio, después de la profecía, su nivel de vida y su posición financiera no eran nada envidiables.

En una compilación de hadices (dichos y hechos de Muhámmad) realizada por Alnawawí, una de las esposas de Muhámmad, Aisha, relata que a veces pasaban uno o dos meses sin que se encendiera fuego en su casa porque no tenían nada que cocinar. Sobrevivieron sólo con dátiles y agua. Algunas veces, esta dieta era complementada con leche de cabra que proveía la gente de Medina[19]. Martin Lings dice en su libro “Muhámmad: Su vida basada en las fuentes más antiguas”:

“El Profeta y su familia vivieron una vida en la más extrema sobriedad. Aisha dijo que antes de la conquista de Jaibar, ella no conocía lo que era comer hasta llenarse de dátiles. Tal era la pobreza de sus siempre en aumento dependientes, que las esposas del Profeta sólo lepedían lo necesario, y a veces ni eso[20]”.

Esto no fue sólo un sacrificio temporal, sino que era su forma de vida y ocurrió en una época en que Muhámmad podía vivir como rey, si así lo deseara. De hecho, hubo un tipo de protesta de parte de sus esposas porque debían seguir viviendo en pobres condiciones cuando lo podían hacer lujosamente[21]. Muhámmad se vio perturbado por este descontento, entonces una revelación vino ordenándole decir a sus esposas que eligieran a Dios y a Su mensajero, o que escogieran el brillo pasajero de este mundo:

“¡Oh, Profeta! Dile a tus mujeres: Si preferís la vida mundanal y sus placeres transitorios, venid que os dejaré en libertad [divorciándoos] de buena forma. Pero si preferís a Allah y a Su Mensajero, y la morada que os aguarda en la otra vida, ciertamente, Allah tiene una magnífica recompensa para quienes de ellas obren el bien.[22]”.

Dice Omar bin Al-jattab al describir la habitación de Muhámmad:

“Noté que todo cuanto tenía en su cuarto eran tan sólo tres piezas de cuero curtido y en una esquina un puñado de cebada en el suelo. Miré alrededor pero no pude encontrar nada más y comencé a sollozar; él (Muhámmad) dijo ¿Por qué estás sollozando? Yo respondí: ¡Oh Profeta de Allah! ¿Por qué no debería sollozar? Puedo ver las marcas que deja la estera (debido a su dureza) en tu cuerpo y también contemplo todo lo que posees en este cuarto; ¡Oh Profeta de Allah! Ruega para que Allah nos dé amplias provisiones. ¡Los persas y losromanos que no tienen fe verdadera y que no adoran a Allah sino a sus reyes - El César y Cosroes - quienes viven en (palacios con) jardines atravesados por arroyos, pero el Profeta escogido y reconocido siervo de Allah debe vivir en tan terrible pobreza! El Profeta estaba recostado descansando contra su almohada; pero cuando me oyó hablar así se sentó y dijo: ´¡Oh Omar! ¿Aún dudas en cuanto a este asunto? El lujo y la comodidad en el Más Allá son mucho mejores que el lujo y la comodidad en este mundo. Los incrédulos están disfrutando su parte de las cosas buenas de esta vida mientras nosotros tenemos esas cosas esperándonos en la próxima´. Le imploré: ¡Oh Profeta de Allah! pide perdón para mí, fue realmente mi error[23]”.

Alguien había preguntado también a Aisha sobre el lecho del Profeta en su casa; su respuesta fue:

“Está compuesto por cuero rellenado con tallos de palmera datilera[24]”.

Como vemos, las privaciones que pasaba Muhámmad se las imponía él mismo; cuando recibía un regalo (en una ocasión recibió cuatro camellos con sus cargas del Jefe de Fidak) él mismo lo distribuía entre los pobres y rechazaba quedarse con algo de él[25]. Al morir, Muhámmad no tenía un centavo. Tuvo siete dinares en su posesión, pero días antes de fallecer los hizo distribuir entre los pobres temiendo que fuera a olvidarlos[26].

También se transmitió que en el momento de su muerte, y a pesar de todas sus victorias y logros, Muhámmad estaba endeudado, ¡y su escudo estaba en manos de un ciudadano judío de Medina como garantía por su deuda[27]!

Hay muchas otras citas que muestran que Muhámmad vivió una vida extremadamente sobria desde el inicio de su apostolado hasta su muerte[28]. Por lo tanto, la teoría de que de Muhámmad perseguía algún beneficio material está en contra de la evidencia histórica. Como observa la “Nueva Enciclopedia Católica” al decir:

“Se ha dicho que la mera ganancia económica fue la inspiración para la revolución religiosa de Muhámmad. Tal opinión no guarda relación alguna con los hechos tal como se los conoce[29]”.


[1] El nombre de Dios en árabe, no está sujeto a género ni números. La forma de pronunciarlo es la siguiente: “Al-laj”, con la “jota andaluza” suave y aspirada, o la hache inglesa, enfatizando en la pronunciación de la “L”. Probablemente de la misma raíz que “Eloh”, “El” y “Allaha” en La Biblia.

[2] El Corán sura 56 aleyas 77 y 80.

[3] El Corán dice por ejemplo en 26:192-193: ¨ Este Corán es una revelación del Señor del universo. El Espíritu Leal [el Ángel Gabriel] descendió con él, y lo grabó en tu corazón [¡Oh, Muhammad!], para que seas uno de los Mensajeros [y adviertas con él a los hombres].¨. Otras referencias incluyen: 25:1, 3:3, 4:105, 16:44 y 15:9.

[4] Se discutirá el significado de este número después.

[5] Corán 15:49, 76: 24-26 y 18:27-28.

[6] Ibid 17:88. Un desafío similar aparece en 2:23, 10:38 y 11:13.

[7] Ibid 2:23-24.

[8] Ibid 10:15-16.

[9] Ibid 29:48. Su analfabetismo también se menciona en 7:158.

[10] El ejemplo más famoso es la historia de su primera revelación en la cueva de Hirá. Ver Muhammad Muhsin Khan. The translation of the meanings of Sahih-Al-Bukhari. Arabe-inglés. Lahore. Kazi Publications. Vol. 1 hadiz número 3, páginas 2-4.

[11] Charles Hamilton. The Hidaya: Commentary on the Islamic Laws. Pág. 8

[12] Richard Bell. The Qurán: translated with a critical re-arrengement of the surahs. Pág. 8.

[13] Bryan S. Turner. Weber and Islam: A critical study. Pág. 23.

[14] Ibid Pág. 34.

[15] Kenneth Cragg. The Call of the Minaret. Pág. 76-77.

[16] Arthur J. Arberry. The Koran interpreted. Pág. 15.

[17] M.M. Mulokozi. Utenzi Wa Rosil’Ghul. Pág. 4.

[18] New Catholic Encyclopedia. Pág. 715.

[19] Abdur Rahman Shad. Riyadh-As-Salihin. Hadiz números 494 y 495. Pág. 323 y 324.

[20] Martin Lings. Muhammad: His life based on the earliest sources. Pág. 276.

[21] Ver por ejemplo: Martin Lings, Ibíd. Pág. 274, 279.

[22] Corán 33:28-29.

[23] H. Nizamuddin. The teachings of Islam. Pág. 49-50. Este episodio fue mencionado en Martin Lings, Op. cit., Pág. 279.

[24] Ibíd. Pág. 50. Cuando una pregunta similar le fue hecha a Hafsah ella dijo: “Estaba compuesto por un pedazo de lienzo que yo extendí doblándolo en dos debajo suyo. En una ocasión lo doblé en cuatro tratando de hacerlo más confortable para él. La mañana siguiente me preguntó “¿Qué fue lo que extendiste debajo mío anoche?” le respondí: “el mismo lienzo, sólo lo doblé en cuatro, en vez de hacerlo en dos como acostumbro”, él dijo: “Déjalo como estaba, la comodidad adicional se interpone entre mi y el Tahayyud (oración nocturna)”.

[25] Ibíd. Pág. 55-57. Ver la narración de Bilal.

[26] Hafiz G. Sarwar. Muhammad: The Holy Prophet. Pág. 367.

[27] Gamal Badawi. Muhammad´s Prophethood: An Analytical View. Pág. 8.

[28] Ver por ejemplo Abdur Rahman Shad, Op. cit. Hadices números 474, 475, 476, 477, 478, Pág. 315 -317.

[29] New Catholic Encyclopedia, Vol. IX, Pág. 1001.

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