El Origen del Corán II

El Origen del Corán II

EL DESEO DE PODER Y GLORIA

La teoría de que Muhámmad estaría motivado por el deseo de poder y gloria es también difícil de sostener. Para empezar, Muhámmad ha sido reconocido como uno de los líderes más exitosos de la historia humana. Un hombre con sus cualidades podría reclamar el liderazgo y asumir el poder sin necesidad de pretender ser profeta. De hecho, habría sido más fácil sin la profecía. 

Segundo, el Corán declara muy explícitamente que nadie, incluyendo a Muhámmad mismo, puede producir algo similar al Corán. Si él hubiera estado tras el poder y la gloria habría reclamado para sí la autoría del Corán, cuya belleza y sublimidad empequeñecieron a los demás libros.

Más aún; su carácter sugiere que no era un cazador de poder ni un buscador de gloria; el deseo de gloria normalmente encuentra su expresión en las residencias magnificentes, las ropas extravagantes, los vehículos lujosos, la adicción a los elogios exagerados, la servil zalamería y otras cosas similares. Muhámmad, a su vez, era un ejemplo de humildad. A pesar de su dignidad social como profeta y sus pesadas responsabilidades como hombre de estado, Muhámmad solía ayudar con las tareas domésticas. Él mismo remendaba sus vestimentas, reparaba sus zapatos y ordeñaba su cabra.

Hablaba y escuchaba pacientemente a cualquiera que se le acercase, tanto que el Corán nos cuenta que sus detractores se quejaban diciendo:

“…y dicen: ¡Es todo oídos![1]”.

En cierta época, los musulmanes solían ponerse de pie cuando querían saludarlo como señal de respeto, pero él se los prohibió diciendo: “No os pongáis de pie tal como lo hacen los persas honrándose unos a otros[2]”. Otros ejemplos de su humildad incluyen los citados por Gamal Badawi, quien escribe:

“En una ocasión se encontraba viajando con algunos de sus discípulos y estos se prepararon para cocinar dividiéndose el trabajo entre ellos. Muhámmad quiso encargarse de recoger algo de leña; sus discípulos le dijeron que ellos lo podían hacer por él. Muhámmad les respondió: “Yo sé que podríais hacerlo por mí, pero odio tener algún privilegio sobre vosotros”. En una ocasión un extraño se presentó ante él casi temblando de respeto; Muhámmad le pidió que se acercase más y con una compasiva palmada en el hombro le dijo: “Tranquilízate hermano, yo soy tan sólo el hijo de una mujer que solía comer pan seco[3]”.

También fue transmitido, que en una ocasión algunas personas se presentaron ante el Profeta y se dirigieron a él con las siguientes palabras:

¡Oh mensajero de Allah! ¡El mejor de nosotros e hijo del mejor de nosotros! ¡Nuestro líder e hijo de nuestro líder!”.

Su respuesta fue:

“¡Oh gentes! Decid lo que dijisteis (es decir, mensajero de Allah) antes, o parte de ello, y no dejéis que Satán os engañe. Yo soy Muhámmad, un siervo de Allah y Su mensajero. No me gusta que me elevéis por encima de la posición que Allah, El Más Poderoso y Glorioso, me ha otorgado[4]”.

La muerte del hijo más querido de Muhámmad, Ibrahim, coincidió con un eclipse y la gente lo consideró como un milagro de Dios, que los cielos y la tierra estaban lamentándose por la muerte de Ibrahim. Muhámmad se disgustó mucho con ellos y dijo:

“El sol y la luna son maravillas de entre las maravillas de Dios. No se eclipsan por la muerte o el nacimiento de ningún ser humano[5]”.

La inmensa magnitud de su humildad se puede apreciar en la forma en la cual ejercía su autoridad. Sus seguidores estaban siempre preparados para obedecerle, sin embargo, siempre insistía que la obediencia debía ser dirigida a Dios y no a él personalmente. Hizo una clara distinción entre las revelaciones que recibía de Dios y otras áreas a merced del juicio humano. Muhámmad consultaba sobre los asuntos que caían en la última categoría y respetaba la opinión de los demás. En la batalla de Badr, por ejemplo, el consejo de Habib bin Múndhir fue aceptado por el Profeta aún contra su propia decisión[6].

De la misma manera, en la batalla de Uhud, el plan inicial de Muhámmad era el de no salir de la ciudad y resistir el sitio dentro de sus propias defensas. Él consultó si debían luchar fuera o no[7], ya que la mayoría estaba en contra de permanecer detrás de los muros de la ciudad y él aceptó la decisión de la mayoría. En la batalla del foso aceptó la propuesta emitida por Salmán de cavar un foso alrededor de la ciudad de Medina[8].

Muhámmad prohibió hacer de su tumba un lugar de adoración diciendo: “No hagáis de mi tumba un lugar de celebraciones.” Y oró a su Señor: “Oh Señor mío; no dejes que mi tumba se convierta en un ídolo a ser adorado”, y advirtió categóricamente a los musulmanes que no le glorificaran exageradamente: “No me glorifiquéis de la misma manera que los cristianos glorifican a Jesús, hijo de María, más bien decid: El (Muhámmad) es un siervo de Allah y Su mensajero[9]”.

Hasta el Corán advierte a las personas que no exageren al honrarse unos a otros[10].

Aún más, hay muchas otras razones que complican la teoría de que Muhámmad escribió el Corán para satisfacer sus “ambiciones de poder” y sus “aspiraciones megalómanas”, entre ellas tenemos:

PRIMERO: Muhámmad hubiera naturalmente omitido del Corán aquellos versos que pudiesen perjudicar sus ambiciones; pero no lo hizo así. ¿Por qué debe ser él el autor de un libro que le ordenaba declarar a la gente que él no tenía ningún poder, que no tenía conocimiento de lo oculto y que si él hubiese tenido tal poder hubiera multiplicado sus bienes y ningún perjuicio le hubiera tocado?[11], o ¿Por qué debe ser él el autor de un libro que le ordenaba decir que ‘no había venido con una doctrina nueva’ y que “él ni siquiera esperaba que tal libro le fuera revelado” y que ‘debía por tanto anunciar a la gente que él es tan sólo un ser humano’ como cualquier otro?[12]. Si el “deseo de poder” hubiera motivado a Muhámmad a componer intencionalmente el Corán; entonces se hace muy difícil explicar la existencia de los anteriores versos en este libro.

SEGUNDO: La reacción de Muhámmad después de recibir la primera revelación, indica que él no tenía ninguna aspiración secreta de poder. Después de sus experiencias en la cueva de Hirá él se apresuró en llegar donde estaba su esposa lleno de miedo y temblando como si tuviese fiebre y pidió que lo cubriera con una manta. Después de que el miedo había pasado, él le relató todo lo acontecido y dijo: “¡Jadiya! ¿Qué es lo que me sucede[13]?”.

Si la revelación hubiera sido parte de su plan secreto para conseguir el poder, Muhámmad no habría tenido nada que temer, y aunque no hubiera planeado la revelación sino que simplemente albergaba un intenso deseo de ser profeta, sus primeras experiencias con la revelación hubieran llenado su corazón con felicidad, pues finalmente estaría consiguiendo lo que siempre deseó. La evidencia disponible nos muestra que la revelación no fue planeada ni esperada, lo tomó por sorpresa. Sobre esto dice el Corán:

“Tú no esperabas recibir ninguna revelación, pero por misericordia, tu Señor te reveló el Corán… [14]”.

TERCERO: En numerosas ocasiones recibió la revelación en presencia de sus compañeros y éstos notaban claros cambios en su semblante; aún en un día muy frío solía sudar mucho y sus extremidades solían ponerse muy tensas. Si Muhámmad hubiese sido un buscador de poder que simplemente utilizó el Corán para proyectar su ego, habría tratado de aparentar tranquilidad y un completo dominio de sus facultades. El mostrar nerviosismo en público es normalmente considerado como una debilidad. Aún en los momentos más críticos de su carrera, los líderes políticos se toman grandes molestias para aparentar calma o, al menos, proyectar esa imagen.

CUARTO: Durante el más difícil periodo de la vida profética de Muhámmad, el de la tortura, la persecución y el sufrimiento, se le hizo una tentadora oferta por parte de los jefes de La Meca. Muhámmad debería poner fin a lo que ellos consideraban división de la gente y renunciar a su pretensión de que había un solo Dios Universal. Fue Utbah bin Rabi’a quien presentó la propuesta a Muhámmad en los siguientes términos:

“Hijo de mi hermano... tú eres, como sabes, un noble de la tribu y tu linaje te ha asegurado un lugar de honor. Ahora bien... has traído sobre tu gente un asunto de gran consternación, el cual ha enfrentado a la comunidad unos contra otros; y has declarado que su estilo de vida es estúpido, has hablado vergonzosamente de sus dioses y de su adoración, y has llamado a sus antepasados incrédulos. Escucha pues lo que te propongo y ve si te parece aceptable: Si es riqueza lo que buscas; juntaremos entre nosotros una fortuna para ti de entre nuestros muchos bienes, para que seas el más rico de nosotros. Si es honor lo que buscas, te haremos nuestro soberano y no tomaremos ninguna decisión sin tu consentimiento. Y si lo que quieres es ser rey, te haremos nuestro rey. Y si no puedes deshacerte por ti mismo del espíritu que se te apareció, buscaremos alguien que te cure y gastaremos nuestra fortuna hasta que se complete tu cura[15]”.

Es interesante notar que de la anterior propuesta, se hace claro que los Curaishíes (la tribu de Muhámmad) habían especulado también sobre todos los motivos que los estudiosos modernos están imputando a Muhámmad. En respuesta a esta proposición Muhámmad recitó los versos entre las aleyas uno y 38 de la sura 41, que le habían sido recientemente reveladas. He aquí los primeros cuatro versos y los últimos dos de la recitación:

Ha. Mim. Ésta es la revelación del Clemente, Misericordioso. Es un Libro cuyos preceptos fueron detallados precisamente; [fue revelado] el Corán en idioma árabe para que lo entiendan, que albricia [a los creyentes que serán recompensados] y advierte [del castigo a los pecadores]; pero la mayoría de los hombres se apartó [de la guía], y no quieren oír. Entre Sus signos están la noche y el día, el sol y la luna; si realmente es a Él a Quien adoráis entonces no adoréis al sol ni a la luna prosternándote ante ellos, sino adorad y prosternaos ante Allah [solamente] pues es Quien os ha creado. Pero si se ensoberbecen [rechazan adorar a Allah] sabed que los [Ángeles] que están próximos a su Señor Le glorifican por la noche y el día, y no se cansan de ello.[16]”.

Utbah quedó convencido de que Muhámmad era un profeta de Dios. Sus amigos paganos le ridiculizaron por haber sido “embrujado” con la recitación de Muhámmad. El punto aquí es que si Muhámmad “compuso el Corán para conseguir riquezas y poder”...no pudo haber recibido una mejor oferta... ¿Por qué la rechazó?


CAPÍTULO IV

UNIDAD Y LIBERACIÓN DE LOS ARABES

La teoría de que Muhámmad habría escrito el Corán para unir y liberar a los árabes es muy difícil de sostener por las siguientes razones:

PRIMERO: De ser este el caso, el Corán debería haber enfatizado más sobre el tema de la unidad y liberación de los árabes; es más, no hay un sólo verso en el Corán llamando a la unidad o la liberación de la nación árabe. Si asumimos que Muhámmad era el autor del Corán, entonces debemos reconocer que su motivo no era el de unir a los árabes o, por lo menos, que este motivo no se refleja en el Corán.

SEGUNDO: El concepto coránico de la Ummah (Nación) es ideológico y es contrario a cualquier manifestación de tendencias nacionalistas. Este concepto está basado en la separación entre la Verdad (Al Haqq) y la Falsedad (Al Bâtil)[17]. Cualquiera que acepte esta diferenciación es miembro de la Ummah sin importar su nación, raza, color o lazos sanguíneos. En la práctica esto a veces significa el distanciamiento entre padres e hijos[18]. Fue por causa de la marcada división, que esta ideología causó en la nación árabe que Utbah bin Rabí’a presentara a Muhámmad la propuesta mencionada en el capítulo anterior[19]. La unidad que prevaleció en Arabia después del triunfo del Islam era puramente ideológica y este tipo de unidad es fuertemente alentada por el Corán[20].

 TERCERO: Si la unidad de los árabes era el motivo más fuerte para hacer el Corán, Muhámmad hubiera aceptado de buena gana la oferta de ser el rey de Arabia, y habría usado su poder e influencia para construir una Arabia unida.

CUARTO: Hay algunos versos en el Corán que evidentemente contradicen la teoría del nacionalismo árabe como motivo de Muhámmad para escribir el Corán. En una aleya del Corán dice:

“Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te ha elegido y purificado. Te ha elegido entre todas las mujeres del universo”[21].

El verso anterior se refiere a María la madre de Jesús, “Te ha escogido entre todas las mujeres del universo.” ¡Tal honor nunca le fue dado a María, ni siquiera en La Biblia cristiana![22]. Muhámmad era un árabe que inicialmente se dirigía a otros árabes. Sin importarle que les agradara o no les dijo, en el más sublime lenguaje del Corán, que María, la madre de Jesús, - una judía israelita - fue escogida por sobre todas las mujeres de todas las naciones, y ¡no su madre ni ninguna otra mujer árabe! ¿Por qué honraría Muhámmad, que “quería fomentar el nacionalismo árabe”, con tan nobles títulos a una mujer de entre sus opositores, en vez de predicar la superioridad de la nación árabe? ¿Por qué a una judía que pertenecía a una raza hostil que desprecia a los árabes considerándolos una raza inferior?

Otra prueba que la teoría de la unidad de los árabes en el Corán es incapaz de explicar satisfactoriamente, se encuentra en el siguiente verso:

“¡Oh, hijos de Israel! Recordad las mercedes con las que os agracié y cómo os distinguí entre vuestros contemporáneos”[23].

Con esta prueba vemos que es inconcebible, por ejemplo, que un recalcitrante extremista negro deba recurrir a alabar a los blancos para avivar el orgullo de la gente negra por su raza.


CAPÍTULO V

LA REFORMA MORAL

En vista de las anteriores dificultades, algunos estudiosos han propuesto la reforma moral como el motivo probable por el cual Muhámmad habría compuesto el Corán. Pero también, la teoría de la reforma moral presenta serios problemas.

PRIMERO: Una reforma moral es un noble objetivo que puede ser alcanzado sin necesidad de recurrir a lo inmoral, como son el engaño y las mentiras. La razón por la cual Muhámmad elegiría medios inmorales para construir una sociedad con valores morales, no es aclarada ni explicada por los proponentes de esta teoría.

SEGUNDO: El otro punto es que el Corán mismo aclara que mentir acerca de Dios es uno de los pecados más abominables:

“No hay nadie más inicuo que quien inventa mentiras acerca de Allah o dice: He recibido una revelación, cuando en realidad no se le ha revelado nada…” [24].

El verso citado dicta el más humillante castigo para los mentirosos, por ello y sabiendo “que él era el autor del Corán” y que también estaba “engañosamente atribuyéndoselo a Dios”, es de lo más improbable que Muhámmad se hubiera descrito a sí mismo como el más perverso de los hombres. El temor a que su falsificación pudiera ser descubierta algún día lo habría inducido a modificar el verso anterior hacia algo como: “No hay culpa en aquellos que, si es necesario, mienten por la causa de Dios”; de hecho, San Pablo, por ejemplo, dice en Romanos 3:7:

“Pero, si por mi mentira la verdad de Dios abundó para Su gloria, ¿Por qué aún soy juzgado como pecador?”.

TERCERO: Muhámmad no presentó todo el Corán de una sola vez, sino que lo recitó en partes durante 23 años, y en aquel periodo había hecho una abierta y específica promesa de responder preguntas con relación a cualquier tema:

“Pero si preguntáis sobre ellos cuando hayan sido revelados en el Corán, se os explicará…”[25].

La gente aprovechó esta oportunidad para hacer una variada cantidad de preguntas que cubrían temas como por ejemplo, el vino, los juegos de azar, la menstruación, los botines de guerra, el alma, o sobre las figuras históricas como Dhul-Carnain. Fue en respuesta a estas preguntas que el Corán menciona en por lo menos 15 sitios: “Ellos te preguntan (Oh Muhámmad) acerca de” tales y tales asuntos; “di”: son así y así[26].

La dificultad que se da aquí, estriba en que no había manera en que Muhámmad supiera de antemano que las preguntas que había invitado a formular coincidirían perfectamente con sus motivos reformistas que “lo llevaron a escribir el Corán”. Sería difícilmente recomendable para un presidente que quiere hablar de la situación alimenticia de su país, que llame a una conferencia de prensa e invite a los periodistas a formularle cualquier tipo de pregunta; ¡Podrían escoger preguntar sobre prisioneros políticos!

CUARTO: Otra dificultad que se presenta contra la teoría de la reforma moral, es el hecho de que Muhámmad mismo es corregido por el Corán en varios puntos. Citaremos sólo un ejemplo: Hamza, el tío del Profeta, fue muerto en la batalla de Uhud por instigación de Hind, esposa de Abu Sufián; su cuerpo fue abierto y violentamente mutilado. Cuando el Profeta vio lo que le hicieron dijo: “Nunca antes había sentido tanta ira como la que siento ahora; cuando Dios me dé próximamente la victoria sobre Curaish mutilaré a treinta de sus muertos”. Pero poco después de esto vino la revelación:

“Si os agreden responded del mismo modo que se os ha agredido [y no os excedáis]. Pero si sois pacientes [y perdonáis] será lo mejor para vosotros”[27].

Muhámmad no sólo no cumplió con su amenaza, sino que prohibió expresamente la mutilación tras las batallas[28].

QUINTO: Hasta la simple suposición de que la reforma moral es el tema central del Corán, es en sí incorrecta; los principios morales son sólo una parte del mensaje. Hay numerosos versos en el Corán que invitan al hombre a estudiar e investigar el universo:

“Diles [¡Oh, Muhámmad! A quienes niegan la Resurrección]: Transitad por la tierra y observad cómo [Allah] originó la creación [29]”.

La importancia que el Corán otorga al estudio del universo puede ser estimada por el siguiente hecho: Los versos de creencia y preceptos (Moral) son 150; mientras que los versos sobre fenómenos naturales son 756[30].

FINALMENTE: La simple sugerencia de que Muhámmad había inventado conscientemente el Corán, se torna inconsistente ante los registros disponibles acerca de su carácter.

Aún antes de anunciar la profecía, Muhámmad era conocido como “El fiel”, “El confiable”[31], no se le conocía que haya dicho una sola mentira, y este hecho ha sido reconocido por sus propios enemigos. Por ejemplo, en los principios de su misión él llamó a todo Curaish al monte Safa; la gente se reunió allí y le preguntaron: “¿Qué es lo que pasa? Él dijo: “Tan sólo considerad esto; si yo os dijera que hay un ejército acechando detrás de esta colina, ¿me creeríais? Dijeron: Sí. Tú eres “El Intachable” y nunca te conocimos que hayas dicho alguna mentira[32].

Su confiabilidad se demuestra también en el hecho de que en la noche de su emigración a Medina, mientras los conspiradores rodeaban su casa y antes de marcharse, Muhámmad instruyó a Alí para que devolviera a los incrédulos los bienes que éstos le habían dado a guardar. Esto significa que, pese a que lo acusaban en público, sus enemigos le tenían tanta confianza dentro de sus corazones que le confiaban sus cosas de valor[33].

En vista de las mencionadas evidencias, en especial su impecable sinceridad, algunos estudiosos rechazan la idea de que Muhámmad había inventado el Corán conscientemente y, en vez de eso, postulan la teoría de que Muhámmad produjo el Corán “inconscientemente”.


[1] Para más detalles sobre su simplicidad ver Ismail Kashmiri. Prophet of Islam: Muhammad and some of his traditions. El Cairo, Consejo Superior de Asuntos Islámicos. Pág. 16-17. Ver el Corán 9:61. (O cualquier biografía de Muhammad.)

[2] Yusuf Al-Qaradawi. The Lawful and the Prohibited in Islam. Pág. 103. Sin mencionar la práctica de pararse y aplaudir mientras gritan el nombre de la persona importante.

[3] Gamal A. Badawi. Op. cit. Pág. 9-10.

[4] Yusuf Al-Qaradawi. Op. cit. Pág. 103. En la colección de hadices hecha por Albujarí se reporta que el Profeta un día pasó cerca de un grupo de muchachas que estaban reunidas cantando por alguna razón. Una de ellas compuso un poema que decía: “Entre nosotros hay un profeta que sabe lo que pasará en el futuro”; el Profeta reprendió a la muchacha diciéndole: “no digas eso de mí, haz cualquier otro poema”.

[5] Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 337.

[6] Para más detalles ver el capítulo XLII del libro de Martin Lings. Op. cit, en particular la Pág.143.

[7] Martin Lings. Op. cit. Pág. 174. Ver también el libro de Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 2.

[8] Ibíd. Pág. 217. Él estaba de hecho cumpliendo con el mandamiento coránico de que los musulmanes deben consultarse mutuamente al realizar sus asuntos. Ver Corán 42:38.

[9] Ambos Hadices fueron mencionados en el libro de Yususf Al-Qaradawi. Op. cit. Pág. 103.

[10] Corán 53:32.

[11] Ibid 7:188.

[12] Ibid 46:9, 28:86, 6:50 y 18:110.

[13] El relato de la primera revelación a Muhammad aparece en casi todas sus biografías. Ver por ejemplo en el libro de Martin Lings. Op. cit. Capítulo XV, Pág. 43-44; o el de H. Sarwar. Op. cit. Pág.65-67.

[14] Corán 28:86.

[15] En Martin Lings. Op. cit. Pág. 60-61 y en el libro de Hafiz Sarwar. Op. cit. Pág. 91. Cuando Curaish lo amenazó anteriormente con persecución o muerte si no renunciaba a su nueva fe, la respuesta de Muhammad a su tío Abu Taleb fue: “¡Oh tío mío! Por Dios que si ellos me pusieran el sol en mi diestra y la luna a mi izquierda para que renuncie a mi tarea, no lo haría. Continuaré hasta donde Dios me ayude o moriré en el intento”. Ver el libro de H. Sarwar. Op. cit. Pág. 88.

[16] Corán 41:1-4 y 37-38.

[17] Para más detalles en la información, ver el artículo de Sayed M. Sayed. Concepto del Estado Islámico y la Ummah. En “Islamic Training Program Manual”, Dubai: MYM de Sudáfrica, 1981, Pág. 5-7. En español ver Los derechos del hombre en el Islam, Centro Islámico Boliviano, Santa Cruz, 1990 y Abdel Karim Zidan. El individuo y el estado en el Islam, I.I.F.S.O., Stuttgart, Ernst Klett Printers, 1984. (Traducción de Ahmed K. Helmi), Pág. 14.

[18] El Corán afirma que la hermandad de la fe es más importante que los lazos familiares. Ver por ejemplo 9:23, 11:45-46, 2:124 y 66:10-11.

[19] Su preocupación se agravó cuando el tío del Profeta, Hamza, aceptó el Islam. Ver Martin Lings. Op. cit. Pág. 60-61.

[20] Ver por ejemplo Corán 61:4 y 3:103.

[21] Corán 3:42.

[22] Ahmad Deedat. Cristo en el Islam. Pág. 8.

[23] Corán 2:47

[24] Ibíd. 6:93, otras referencias incluyen 69:44-45, que dice: “Si él lo hubiera inventado y Nos hubiera atribuido parte de lo que dice Le habríamos agarrado con fuerza.”  Ver también 42:22 y 16:105.

[25] Ibíd. 5:101

[26] Algunos de los pasajes donde aparece la frase “Te preguntan acerca de...diles”, incluyen: 2:189, 2:215, 2:217, 2:219, 2:220, 5:4, 7:187, 8:1, 17:85, 18:83, 20:105 y 79:42. Debe tomarse en cuenta que el Corán ha respondido algunas de estas preguntas sin usar la frase anterior; la historia de la gente de la caverna que aparece en 18:9-26 es un ejemplo.

[27] Corán 16:126. De igual manera, cuando el Profeta fue herido en la batalla de Uhud, invocó el mal sobre sus enemigos y dijo: “¿Cómo puede prosperar una comunidad que hiere a su Profeta?”. En respuesta a la maldición fueron revelados los versos 3:128-129. Ver A.A. Maududi. The Meaning of the Corán. Nairobi.

[28] Martin Lings. Op. cit. Pág. 191. Para más detalles de la mutilación y de cómo Hind masticó el hígado de Hamza, ver Pág. 189. Hind vengaba así a su padre Utbah y a sus hermanos Walid y Shaibah, muertos en la batalla de Badr. Ver también Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 192.

[29] Corán 29:20. Otras referencias incluyen: 12:105, 2:29, 38:27 y 7:185.

[30] Ver el apéndice en el libro de Ali Musa Reza Muhayir. Islam in Practical Life. Lahore, Sh. Muhammad Ashraf. 1968.

[31] En el incidente de la reconstrucción de la Caaba por ejemplo, Abu Umaiah bin Almughirah dijo: “Haced del primero que entre por Bab Alsafa vuestro árbitro”. Cuando vieron que el primero en entrar fue Muhammad gritaron: ”He aquí Alamín (El confiable), acataremos lo que juzgue”. Muhammad tenía entonces 23 años. Ver Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 56-57. (Traductor, en español ver: N. Dinet & S. Ben Ibrahim, Yusuf Calvo, Traducción. La vida de Muhammad), Asociación Musulmana de España, 1993, Pág. 45-46.

[32] Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 80. Cuando Abu Sufián, archienemigo de Muhammad, fue preguntado por Heraclio (emperador romano de Oriente): “¿Le habéis acusado alguna vez de decir mentiras antes de que proclame esto (La profecía)?”. Su respuesta fue negativa. Entonces Heraclio preguntó: “¿Qué es lo que os ordena que hagáis?”, Abu Sufián respondió: “Nos dice que adoremos a Dios y tan sólo a Dios y que no adoremos a nadie con Él; y a renunciar a todo lo que nuestros ancestros habían dicho. Nos ordena rezar, decir la verdad, ser castos y mantener buenas relaciones con nuestros parientes y semejantes”. Para mayor información sobre la entrevista ver Muhammad Muhsin Khan. Op. cit. Hadiz No. 6, Pág. 7-14.

[33] Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 147. Abdallah también fue citado diciendo: “Mucho antes de que Muhammad proclamara su misión, yo tuve unos negocios con él. Las transacciones no se habían completado aún cuando yo le dije que volvería más tarde; pero olvidé el asunto por completo. Tres días después, cuando pasé por el mismo lugar de la cita, encontré que aún seguía allí esperándome. No estaba enojado conmigo en lo más mínimo por mi desconsideración, lo único que me dijo fue: “Me pusiste en la situación de tener que esperarte aquí tres días”. Ver Hafiz G. Sarwar. Muhammad el Santo Profeta. Pág. 55-56.

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