El Origen del Corán V

El Origen del Corán V

Las anteriores diferencias tienen muy serias implicaciones dogmáticas. La idea del bíblico árbol del conocimiento supone que Adán era perfecto antes de comer del árbol, pero que su naturaleza cambió después de comer de él. Según el Corán, el hombre es una mezcla de arcilla (fuente de su debilidad) con alma y ha sido siempre una criatura imperfecta.

Para los cristianos, el problema es ganar nuevamente esa perfección previa para conseguir la salvación y volver al Paraíso; el Corán a su vez, espera que el hombre tenga algún desliz, pero el objetivo principal es tratar, sinceramente con lo mejor de cada uno, de cumplir con los mandamientos de Dios. Mientras que la fe cristiana acepta la doctrina del Pecado Original, el Corán dice que cada niño nace puro y es responsable sólo por sus propios actos.

Como resultado de aceptar el Pecado Original, en La Biblia debe derramarse sangre para reconciliar al hombre con Dios, mientras que el Corán dice que Dios no necesita un derramamiento de sangre para perdonar (por lo tanto la crucifixión es innecesaria).

La idea de que la mujer es responsable por la caída del hombre, tiene una repercusión negativa en cuanto a la posición de la mujer en la sociedad y su status.

Existen también muchas variaciones en las historias de Abraham, Ismael, Isaac, Lot, Moisés y Jesús[1]. Por eso, ciertamente está errada la idea de que el Corán fue copiado extensamente de La Biblia. De hecho, hasta los eruditos que postulan la teoría del “préstamo” de textos, como Philip Hitti, se apresuran a agregar que “Los parecidos no garantizan la conclusión de la copia o citación” y que Muhámmad no era un imitador[2], pero que había profundizado en La Biblia y la comprendiéndola completamente para luego cambiarla extensamente y moldearla según sus propias palabras. No obstante, Richard Bell, que pasa muchos apuros tratando de probar que Muhámmad dependía directamente de La Biblia, insiste en que el Profeta no estaba trabajando sobre un conocimiento real de La Biblia misma[3]. Kenneth Cragg también dice que Muhámmad no tuvo ningún contacto personal con escrituras de otras creencias... existe una ausencia casi total de lo que podría ser llamado una citación directa de ambos testamentos[4].

La teoría del copiado de textos se derrumba aún más, por el hecho de que en el Corán hay historias y detalles que no se encuentran en La Biblia, como las de Ad y Zamud y de sus profetas, y  de Hud y Sáleh que no están en La Biblia. Algunos de los detalles que no se encuentran en el texto bíblico incluyen los diálogos de Noé con su hijo antes del Diluvio, el de Abraham con su padre y con el tirano Nemrod. El milagroso escape de Abraham de las llamas, la milagrosa resurrección mostrada por Dios a Abraham al devolver unos pájaros a la vida. Están también ausentes de La Biblia el sacrificio de una vaca por Moisés para resucitar a un hombre asesinado, a fin de que nombrara a su asesino, así como el largo diálogo entre Moisés y los israelitas sobre qué animal debía ser sacrificado. Tampoco se encuentran en La Biblia las milagrosas palabras de Jesús en su cuna, el de dar vida a pájaros de barro moldeados por él mismo, ni el sustento milagroso de Dios a María[5].

¿Dónde consiguió Muhámmad tantos detalles ausentes en La Biblia si el Corán era “principal, pero no exclusivamente, un derivado dependiente de tradiciones judías y cristianas?”.

Bajo “El cristianismo en Arabia”, la Nueva Enciclopedia Católica dice que durante el tiempo del Profeta, “el Hiyaz no había sido tocado por la prédica cristiana, por ende, no se debe esperar ningún tipo de organización eclesiástica cristiana[6].

Algunos eruditos sugieren que Muhámmad dependía de fuentes orales, y citan como prueba la aparente “confusión” de personajes en el Corán, “entre María la madre de Jesús y Miriam la hermana de Aarón”. El origen de esta acusación, es el verso coránico con respecto a la madre de Jesús:

“¡Oh, hermana de Aarón! Tu padre no era un hombre de mal, ni tu madre una indecente[7]”.

Primero: La citada acusación está errada, porque no toma en cuenta la naturaleza de la lengua árabe ni el contexto del verso. En árabe, las palabras “ajun” y “ujtun” tienen dos significados: a) Hermano y hermana de sangre. b) La hermandad del clan o la fe compartida. El verso mencionado es del uso de la palabra “ujtun” en el segundo significado; esto no es inusual pues el Corán utiliza la misma expresión idiomática en muchos versos anteriores.

En la sura 11:78, Lot se refiere a las mujeres de su comunidad como “mis hijas”. En la sura siete entre los versos 65 y 73, y 83, los profetas Hud, Sáleh y Shu’aib son mencionados como hermanos de sus respectivas comunidades. La gente de Lot es también mencionada en la sura 50 verso 13, como “los hermanos de Lot”. Exceptuando la palabra “banati”, que significa “mis hijas” en 11:78, todas las anteriores referencias presentan la palabra “ajun” que significa “hermano”. La expresión “¡Oh hermana de Aarón!” fue usada también idiomáticamente en el sentido del linaje familiar y no en el de un verdadero y cercano parentesco. En el evangelio de Lucas, por ejemplo, Elizabeth esposa de Zacarías es llamada “de las hijas de Aarón”[8] con el mismo sentido de linaje.

Segundo: El contexto del verso aclara toda duda sobre el significado de “¡Oh hermana de Aarón!”, esta exclamación fue hecha cuando María volvió a su gente cargando al bebé Jesús en brazos:

“El asombro de la gente no tuvo límites. De todas formas ya estaban preparados para creer lo peor de ella, pues había desaparecido de entre sus familiares por un tiempo; ¡Pero ahora venía exhibiendo sin vergüenza alguna un bebé en sus brazos! ¡Cómo había deshonrado la Casa de Aarón! ¡La fuente de la profecía! Hermana de Aarón, le es recordado a María su noble linaje y la excelente moral de su padre y madre, ¡cómo!, dijeron, ¡había caído y deshonrado el nombre de sus progenitores![9]”.

Esto nos demuestra que la expresión “¡Oh hermana de Aarón!” no puede tomarse como prueba de la existencia de fuentes orales judeocristianas en los orígenes del Corán, ni la supuesta confusión[10] acerca del nombre de Hammán[11].

Tercero: El Corán se basta a sí mismo como defensa. Las fuentes judías, cristianas o paganas hubieran sido “de otro que no es Dios”. El Corán dice en 4:82 que no existen inconsistencias o contradicciones en él, mientras que no se compruebe que esta afirmación es incorrecta todas las alegaciones de ese tipo tendrán poco valor. Al final, no importa cuáles sean las imputaciones, ni si están o no relacionadas con la persona, carácter o intenciones del Profeta. La verdad y autenticidad de su mensaje sólo podrán ser refutadas si se comprueba que son erróneas en cualquiera de sus declaraciones, dada la naturaleza de la revelación. El desafío, hecho por el mensaje al respecto, es abierto y eterno. Cualquier ataque contra la persona del Profeta es superficial y significa un desvío del tema principal. Un crítico serio del Corán debe encontrar el error y después exponer las razones de esa equivocación. Cualquier otro tipo de intento sería solo especular sobre “posibles” errores.

Hemos examinado hasta ahora las dos primeras posibilidades lógicas en lo que concierne a la autoría del Corán. Hemos demostrado lo difícil que es rechazar la afirmación de que el Corán es revelación divina. Esta dificultad no prueba por sí misma que el Corán sea palabra de Dios, simplemente prueba que Muhámmad no fue el autor del Corán, y que este libro no es una combinación de fuentes orales judeocristianas.

Examinaremos a continuación la afirmación de que el Corán es una Revelación Divina.





CAPÍTULO XI

LA TEORÍA DE LA REVELACIóN DIVINA

Hemos visto anteriormente la afirmación coránica que dice que aún con los esfuerzos mancomunados de toda la humanidad, es imposible producir algo como el Corán. Un conciso examen de este libro a la luz de la ciencia moderna, tiende a sustentar la anterior declaración, como lo demostró en su obra “La Biblia, el Corán y la Ciencia” el científico francés católico, el Dr. Maurice Bucaille. Algo que refuerza mucho más esta afirmación es el increíble formato del Corán, como comenta G. Miller:

En cuanto a las maravillas numéricas y los sorprendentes aspectos de la construcción del Corán, estos son abundantes y, lo más importante, necesarios. Es decir, la disposición de las palabras en el Corán es necesaria, de otra forma contendría errores[12]”.

Las áreas de posible comparación entre el Corán y La Biblia a la luz de la ciencia moderna incluyen: La creación del mundo y sus etapas, la fecha de creación de la Tierra, la aparición del hombre en ella y la descripción del Diluvio y el Éxodo.

  1. La Biblia dice, en Génesis 1:3-5, que el día y la noche fueron creados en el primer día. La luz que circula por el universo es el resultado de complejas reacciones en las estrellas. Es ilógico citar el efecto producido (la luz) en el primer día de la creación, situando el medio para producirla (las luminarias) tres días más tarde. Además, situar en el primer día la existencia de una “tarde” es puramente alegórico. ¡La tarde y la mañana, como elementos de un día, no son concebibles sino después de existir la Tierra y su rotación bajo la iluminación de su propia estrella, el Sol![13]. El Corán no presenta la esta secuencia.
  2. En Génesis 1:9-13 leemos que “...pasto y hierbas que den semilla y árboles frutales que den sobre la tierra fruto con su semilla adentro” fueron creados en el tercer día. “...que un muy organizado reino vegetal y con una reproducción por semillas apareciese antes de existir un sol (Éste aparecerá, dice el Génesis, el cuarto día) y que se establezca la alternancia de los días y las noches es por completo insostenible[14]. Nuevamente, el Corán no hace tal afirmación.
  3. En Génesis 1:14-19, en el cuarto día fueron creados el Sol, la Luna y las estrellas. “La Tierra y la Luna emanaron, como sabemos, de su estrella original, el Sol. Situar la creación del Sol y la Luna antes de la creación de la Tierra es completamente contrario a las nociones más sólidamente establecidas sobre la formación de los elementos del sistema solar[15]. Bucaille continúa enumerando muchas otras inconsistencias secuenciales. La creación del universo, según La Biblia, tomó seis días. La duración de un día es aparentemente de 24 horas, pues Dios descansó en el Sabbath. El Corán también mencionó seis días  pero la palabra usada es “Ayamu”, plural de “yaum”. Esta palabra puede significar dos cosas: Un día de veinticuatro horas o un muy largo periodo de tiempo. El Corán dice en 32:4 que Dios creó los cielos y la Tierra en seis días y en el siguiente verso dice que la duración de un día es igual a mil años de los nuestros. El Corán también rechaza la idea de Dios descansando en el Sabbath[16]. Entre los versos coránicos que hablan de la creación de los cielos y la Tierra tenemos: 79:27-35, 21:11, 2:29, 23:17, 71:15-16, 78:12-13, 32:4, 50:38 y 25:59. En cuanto al proceso básico de la formación del universo, el Corán dice en 21:30:

“¿Es que no ven los que se niegan a creer que los cielos y la Tierra estaban juntos y los separamos? ¿Y que hemos hecho a partir del agua toda cosa viviente? ¿No van a creer?”.

En la sura 41, aleya (verso) 11, el Corán dice:

“Luego dirigió (Su voluntad) al cielo, que era humo, y le dijo junto con la Tierra...”.


CAPÍTULO XII

DATOS CIENTÍFICOS

Cuando se comparan los datos en el Corán con los conocimientos científicos modernos, destacan claramente los siguientes puntos:

1. - “Hay que señalar que, para que los cuerpos celestes y la Tierra se formaran, tal como lo explican los versículos 9 al 12 de la sura 41, han sido necesarias dos fases. Sin embargo, la ciencia nos enseña que si tomamos como ejemplo (y único ejemplo accesible) la formación del Sol y su subproducto, la Tierra, el proceso se desarrolla por condensación de la nebulosa primitiva. Esto es precisamente lo que el Corán expresa de forma explícita mediante la mención de los procesos que produjeron, a partir del “humo” celeste, una fusión y después una separación. Aquí se observa una identidad perfecta entre el dato coránico y el dato científico.

2. - La ciencia ha demostrado la estrecha relación de los dos acontecimientos para la formación de una estrella (como el Sol) y de su satélite o satélites (como la Tierra). ¿Acaso no aparece esta estrecha relación en el texto coránico?

3. - La existencia de una etapa primitiva del universo, del ‘humo’ al que se hace referencia en el Corán, es decir, el predominante estado gaseoso de la materia que lo compone, corresponde obviamente al concepto de la “Nebulosa Original” presentado por la ciencia.

4. - La pluralidad de los cielos expresada en el Corán por el número siete, y cuyo significado hemos discutido, es confirmada por la ciencia moderna gracias a las observaciones hechas por los expertos en astrofísica sobre los sistemas galácticos y su extenso número.

5. - La existencia de una creación intermedia entre “los cielos y la tierra” mencionada en el Corán, puede ser identificada con el descubrimiento de “puentes” de materia presentes en las afueras de los sistemas astronómicos organizados[17].

La pregunta que debemos hacernos aquí es ¿cómo pudo Muhámmad, viviendo en el desierto de Arabia mil cuatrocientos años atrás, haber modificado la versión bíblica a tal punto que logró eliminar los datos científicamente erróneos y, por iniciativa propia, aumentar otros datos que sólo la ciencia ha podido verificar recientemente?

Otra área de comparación es la fecha de aparición del hombre sobre la Tierra.

Usando los datos genealógicos en los capítulos 4, 5, 11, 21 y 25 del texto sacerdotal de Génesis, se puede deducir que Abraham nació 1948 años después de Adán. El tiempo que separa a Abraham de Jesús es casi 1800 años y el tiempo separando a Jesús de Adán es de 5800 años. Esta estimación es innegablemente errada, los orígenes de esta equivocación se deben a los errores en La Biblia sobre el periodo de tiempo entre Adán y Abraham[18]. Gracias a las excavaciones y estudios de antropología y arqueología existe suficiente evidencia hoy en día, que sitúa la aparición del hombre sobre la Tierra en decenas de miles de años de anterioridad. Los datos numéricos del Génesis son, por lo tanto, incompatibles con los firmemente establecidos datos de la ciencia moderna. El Corán no menciona tales fechas y por lo tanto, el problema de las anteriores inexactitudes no se da de ninguna manera.

La descripción bíblica del Diluvio (en los capítulos 6, 7 y 8 del Génesis) indica que este hecho fue universal y destruyó toda la vida en la Tierra. El relato sugiere que el evento tuvo lugar 1656 años después de la creación de Adán o 292 años antes del nacimiento de Abraham. Esta descripción es incompatible con el conocimiento moderno, pues si el Diluvio destruyó a toda la humanidad, no puede ser posible que Abraham, quien vino sólo tres siglos después, encontrara a una humanidad reagrupada en comunidades separadas, especialmente si esa humanidad fue reconstruida por los tres hijos de Noé y sus esposas.

Más aún, “se sitúa a Abraham en los años 1800-1850 antes de Cristo. Si el Diluvio hubiese tenido lugar, tal como lo sugiere el Génesis en sus genealogías, alrededor de tres siglos antes de Abraham, habría que situarlo hacia el siglo XXI o XXII antes de Cristo, esta es la época en que - según los conocimientos históricos modernos permiten afirmar - han florecido ya, en varios puntos de la Tierra, civilizaciones cuyos vestigios pasaron a la posteridad.

Es, en el caso de Egipto por ejemplo, el periodo que precede al Imperio Medio (2100 años antes de Cristo), aproximadamente la fecha del primer periodo intermedio antes de la undécima dinastía que corresponde en Babilonia, a la tercera dinastía de Ur. Sin embargo, sabemos perfectamente que no hubo interrupción en estas civilizaciones ni aniquilación alguna que afectase a toda la humanidad como La Biblia pretende[19].

La versión coránica del Diluvio no da ninguna fecha, además, el Corán indica que había otras personas aparte de Noé en el arca. De hecho, el hijo de Noé ni siquiera entró en el Arca[20]. El Corán no dice que el Diluvio fuera universal, al contrario, existen claros indicios de que este fue local[21]. Lo que debemos notar aquí es que el único documento disponible (en la época de Muhámmad) sobre el Diluvio era La Biblia. Si Muhámmad hubiese tomado la historia de La Biblia habría copiado los errores también. El Corán corrigió la historia bíblica mucho antes de haberse efectuado cualquier descubrimiento científico.

Un punto de comparación de sumo interés concerniente al éxodo, es el total silencio de La Biblia sobre el rescate del cuerpo del Faraón después de su muerte[22]. El Corán, a su vez, ha registrado explícitamente qué fue de su cuerpo:

“Pero hoy salvamos tan sólo tu cuerpo para que sirvas de ejemplo para la posteridad, porque hay muchos humanos que están desatentos a nuestras leyes[23]”.

Los cuerpos de todos los faraones, a quienes con razón o no, los hombres de esta época han pretendido involucrar en el Éxodo, se hallaban en sus tumbas en Tebas, al otro lado del Nilo con relación a Luxor, en el  tiempo en que el Corán era comunicado a los hombres por boca del Profeta, Sin embargo, en la época del Profeta, se ignoraba por completo este hecho y no sería hasta finales del siglo XIX que se descubriría. Como dice el Corán, el cuerpo del Faraón del Éxodo fue efectivamente salvado. Quienquiera que sea este faraón, se encuentra en la sala de momias reales del Museo Egipcio del Cairo, a la vista de los visitantes[24].

El punto final de comparación está en la genealogía de Jesús:

“Las dos genealogías contenidas en los evangelios de Mateo y Lucas plantean problemas de verosimilitud y conformidad con los datos científicos y, con ello, de autenticidad... conviene señalar de entrada que estas genealogías masculinas no tienen ningún sentido en el caso de Jesús. ¡Si hubiese que dar a Jesús, hijo exclusivo de María, una genealogía, esta debería ser la de María, su madre![25]”.

Esto es precisamente lo que el Corán hace. Jesús es denominado a través de todo este libro “Hijo de María”. En el Corán, Jesús es colocado de acuerdo a su genealogía materna, en la línea de Noé, Abraham y el padre de María, Imran:

“Allah eligió a Adán y a Noé y a la familia de Abraham y a la familia de Imrán por encima de los mundos. (Los eligió) generación tras generación[26]”.

“Así, Jesús desciende de Noé y de Abraham por línea de su madre, María, y el padre de ésta, Imrán. Los errores nominales de los evangelios concernientes a la ascendencia de Jesús... no se encuentran en el Corán. Una vez más, la objetividad impone señalar el hecho, ya que este cobra toda su importancia ante las afirmaciones sin fundamento de aquéllos que pretenden que Muhámmad... habría copiado ampliamente de La Biblia. De ser así nos preguntamos ¿qué - o qué argumento - habría podido disuadirle de copiarla en lo que respecta a la ascendencia de Jesús y llevarle a insertar aquí, en el Corán, el correctivo que pone su texto fuera de toda crítica suscitada por los conocimientos modernos...?[27]”.

Además de los citados ejemplos comparativos, el Corán contiene mucha información científica que no tiene paralelo en La Biblia. El Corán contiene cientos de datos, los cuales pueden ser verdaderos o falsos. Es realmente impresionante que nada haya podido, por lo menos hasta ahora, señalar un simple concepto falso en todo el Corán. Debemos aclarar que no argumentamos aquí que una colección ordenada de exactos datos científicos e históricos en un libro cualquiera implica una revelación divina; estamos simplemente sacando a la luz los siguientes puntos interrelacionados:

Primero: con respecto al Corán, no es tan sólo una cuidadosa selección de varios conceptos de aquí y allá, sino que ¡no hay un sólo concepto que, hasta ahora, haya sido probado como falso!

Segundo: tales conceptos coránicos no son simples observaciones banales, sino que fueron hechos de tal manera, que no se certifica su auténtica exactitud hasta después de arduas investigaciones científicas.

Tercero: la historia nos demuestra que no existían tales conocimientos en la época de Muhámmad.

Cuarto: existían explicaciones erróneas ampliamente difundidas con relación a los mismos temas y, aún así, Muhámmad aparentemente las evitó todas.

Finalmente: Muhámmad no sabía leer ni escribir.

Otro aspecto impresionante es la amplia posibilidad de error. Habíamos mencionado que el Corán contiene datos que pueden ser verdaderos o falsos. Un dato puede tener cuatro posibles combinaciones con otro: Ambos datos pueden ser correctos o el primero ser verdadero y el segundo falso, o el primero ser falso y el segundo verdadero, o ambos datos pueden ser falsos. Tres de tales datos coránicos tendrían ocho posibles combinaciones. Si F es igual a falso y V a verdadero, las combinaciones serían: VVV, VVF, VFV, FVV, VFF, FVF, FFV y FFF. Cuatro de tales conceptos coránicos tendrían 16 posibles combinaciones y sólo una estaría totalmente libre de algún concepto falso (y conforme aumenta el número de conceptos - datos -, aumentan las posibilidades de error).

La siguiente, es una breve compilación de tales conceptos coránicos, tomada extensamente del trabajo de Maurice Bucaille, “The Biblie, the Koran and the Science”, sin los detallados análisis que los acompañan.

  1. La expansión del universo es el más grande descubrimiento de la ciencia moderna. Hoy en día es un concepto firmemente establecido y el único debate gira en torno a la forma en que ésta se lleva a cabo... El siguiente verso del Corán (Sura 51: verso 47) puede tal vez ser comparado con los conceptos modernos, dice Dios:

“El cielo, Nos lo hemos construido reforzado; por cierto Nos lo expandimos[28]”.

  1. Es conocido que el Sol es una estrella que genera un intenso calor y luz debido a sus combustiones internas, y que la Luna, la cual no da luz por sí misma, refleja la recibida del Sol. El Corán dice (Sura 25, verso 61):

“¡Bendito Sea Aquél que puso en el cielo constelaciones y puso una lámpara y una luna luminosa!”.

Aquí la Luna es definida como “un cuerpo que ilumina” -, en árabe “munir”, de la misma raíz que “nur”, la luz aplicada a la Luna -, mientras que el Sol es comparado con una antorcha “siráyy” o con una lámpara ardiente “Wahháyy”[29].

  1. Existen dos versos muy importantes sobre las órbitas del Sol y la Luna (Sura 21 verso 33):

“Él Fue Quien creó la noche y el día, el Sol y la Luna, cada cual gravita en su propia órbita”.

Y la sura 36, verso 40, dice:

“No le es dado al Sol alcanzar a la Luna ni a la noche adelantarse al día; cada cual gira en su órbita”.

“Aquí se evoca claramente un hecho esencial, la existencia de órbitas para el Sol y la Luna, y se hace alusión al desplazamiento de estos cuerpos en el espacio con movimiento propio.”

“Un hecho de orden negativo aparece en la lectura de estos versos: Se indica que el Sol se desplaza en una órbita, pero sin precisar de forma alguna lo que esta órbita sería con relación a la Tierra. Pero en la época de la revelación coránica se creía que el Sol se desplazaba y la Tierra era un punto fijo. Esta era la visión geocentrista que regía desde Ptolomeo, en el siglo II A.C., y que estaría en vigor hasta Copérnico en el siglo XVI D.C. Esta concepción, a la que se adherían en la época de Muhámmad, no aparece en el Corán en ningún lugar, ni aquí ni en ninguna otra parte[30]”.

  1. “En una época en que se consideraba a la Tierra como el centro del universo y que el Sol era móvil con relación a ella, ¿qué ser humano no habría evocado el movimiento del Sol a propósito de la sucesión de los días y las noches? Sin embargo, no aparece ninguna evocación semejante en el Corán, y aborda este tema de la siguiente manera en la sura 7, verso 54:

“La noche cubre al día y le sigue rápidamente”.

Y en la sura 39 verso 5:

“Hace que la noche se enrolle en el día y que el día se enrolle en la noche”.

“Enrollar” parece ser, como en la traducción de R. Blachére, la mejor manera de traducir el verbo árabe “Kawwara”. El significado primitivo de este verbo es enrollar en espirales un turbante sobre la cabeza; en todas las demás acepciones se conserva la noción de enrollar.”

“Ahora bien, ¿qué sucede realmente en el espacio? Tal como los astronautas estadounidenses han visto y fotografiado con claridad desde sus vehículos espaciales, particularmente a gran distancia de la Tierra, desde la Luna por ejemplo, el Sol ilumina permanentemente - salvo en los eclipses - la esfera terrestre colocada de cara a él, mientras que la otra mitad de la esfera permanece en oscuridad. Como la Tierra gira sobre sí misma, mientras la iluminación permanece fija, una zona iluminada con forma de semiesfera hace en 24 horas su rotación alrededor de la Tierra, en tanto que la semiesfera que queda en la oscuridad hace la misma rotación en el mismo tiempo. Esta interesante ronda del día y de la noche está perfectamente descrita en el Corán. Esto es fácilmente accesible en nuestros días para el conocimiento humano, dado que poseemos la noción de que el Sol está estático, relativamente, y de la rotación de la Tierra. Este proceso de “Enrollamiento” permanente con penetración continua de un sector en el otro, viene expresado en el Corán como si en esa época ya se hubiese concebido la redondez de la Tierra, lo que evidentemente no era el caso[31]”.

  1. “Cuando en nuestros días leemos unos tras otros los versos coránicos relativos al papel del agua en la vida del hombre, todos nos parecen expresar ideas completamente evidentes. La razón de esto es simple. En nuestra época todos conocemos, de forma más o menos precisa, el ciclo del agua en la Naturaleza”.

“Pero si consideramos los diversos conceptos que existían antiguamente sobre este tema, percibiremos que el Corán no contiene las ideas “Míticas” que estaban en vigor durante la (época de su) revelación.”

“Tales de Mileto, en el siglo VII A.C., sostenía la teoría del empuje de las aguas hacia el interior de los continentes bajo el efecto de los vientos, la caída de ésta sobre la tierra y su penetración a través del suelo. Platón compartía esta idea y pensaba que el retorno se efectuaba a través de un gran abismo, el Tártaro”.

“Esta teoría tendría numerosos adeptos, incluso Descartes en el siglo XVIII. Aristóteles, por su parte, suponía que el vapor de agua del suelo se condensaba en unas cavidades frías de las montañas y formaba lagos subterráneos que alimentaban los manantiales. Esta opinión es también la de Seneca (Siglo I A.C.), y tendría numerosos partidarios, incluso O. Volger en 1877... La primera concepción clara del ciclo de agua corresponderá, en 1580, a Bernard Palissy... quien afirma que las aguas subterráneas provienen de las infiltraciones de agua de lluvia en el suelo. Esta teoría sería confirmada por E. Mariotte y P. Perrautt en el siglo XVII”.


[1] Para un estudio más detallado de las similitudes y variaciones mayores en las dos versiones, ver Ali M.R.Muhajir. Lessons from the stories of the Qur’an. Lahore, Sh. Muhammad Ashraf, 1968.

[2] Philip Hitti. Op. cit. Pág. 17-18.

[3] Richard Bell. Op. cit. Pág. 112.

[4] Kenneth Cragg. Op. cit. Pág. 74.

[5] El Corán, 11:32, 21:57, 2:258, 21:69, 2:260, 3:46, 3:49 y 3:37.

[6] La Nueva Enciclopedia Católica. Vol. 1. Pág. 721-722.

[7] El Corán 19:28.

[8] Lucas 1:5.

[9] Abdullah Y. Ali. The Holy Qur’an. Nota 2480 y 2481. Ver también el Corán, 19:27-30.

[10]Nota del Traductor: Esta supuesta contradicción esta basada en el concepto erróneo de la veracidad histórica del recuento bíblico de la “historia” de Ester (el libro de Ester). Los proponentes de este “error” suponen que si un dato o personaje histórico es mencionado en La Biblia se convierte automáticamente en una verdad histórica; y si algún otro recuento histórico (como el Corán) lo contradice debe ser por lo tanto falso. El libro de Ester (en el que se menciona que Haman era el favorito de Abusuerus) no es considerado nisiquiera un libro inspirado, y mucho menos un libro histórico confiable (ver The Jewish Encyclopaedia: 1905, Volumen V, Funk & Wagnalls Company, pPág. 235-236, y Encyclopaedia Biblica: 1901, Volumen II, The Macmillan Company, New York, Columnas 1400-1402). Por lo tanto, la mención de alguien llamado Haman en la corte del Faraón de Egipto (como en el Corán), no es una “confusión”; ni mucho menos un dato que contradice los registros históricos confiables.

[11] Ibíd. Nota explicatoria 3331. Para una detallada refutación sobre Aljidr y Dulcarnein, ver S.A.A. Maududi. Op. cit. Vol. 7, Pág. 35-49.

[12] G. Miller. Op. cit. Pág. 30.

[13] Maurice Bucaille. The Bible, the Quran and Science: The Holy Scriptures Examined in the Light of Science. Pág. 43. (Traductor, existe una traducción al castellano de esta obra, titulada La Biblia, el Corán y la Ciencia de Ramón M. Castellote, Madrid, Arias Montano, 1991),

[14] Ídem.

[15] Ídem.

[16] ‘Sabbath’ en hebreo significa descanso. Ver El Corán 50:38.

[17] Maurice Bucaille. Op. cit. Pág. 153.

[18] Ibíd. Pág.49.

[19] Ibíd. Pág. 52.

[20] Ver Corán 11:40 y 11:42.

[21] El Corán en 25:37 se refiere a la destrucción de ‘la gente de Noé’.

[22] La muerte del Faraón es referida en Éxodo 14:23 14:28-29. Este detalle se repite en Salmos 106:10. El Corán 10:92.

[23] El Corán 10:92.

[24] Maurice Bucaille. Op. cit. Pág. 254.

[25] Ibíd. Pág. 60.

[26] El Corán, 3:33-34.

[27] Maurice Bucaille. Op. cit. Pág. 288.

[28] Ibíd. Pág. 193.

[29] Ibíd. Pág. 162.

[30] Ibíd. Pág. 165-166.

[31] Ibíd. Pág. 169-171.

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