¿Por qué Dios creó?

¿Por qué Dios creó?

Dios, el Creador

Desde el punto de vista de Dios, una pregunta fundamental necesita ser hecha, “¿Por qué Dios creó?” Esta pregunta debe hacerse debido a que la humanidad no es, de hecho, la mayor creación. Dios dice en el Corán:

“Por cierto que la creación de los cielos y la Tierra es más grandiosa que la creación de los hombres; pero la mayoría de ellos lo ignoran”. (Corán 40:57)

La composición de los seres humanos es muchísimo menos compleja que la composición del universo en el cual ellos existen. Sin embargo, pocas personas reflexionan acerca de esta realidad. Debido a la aparente supremacía de los seres humanos sobre las otras criaturas en esta tierra, los viajes del hombre a través del espacio y el continuo avance de su tecnología y conocimiento, la humanidad en cada era se vuelve arrogante y se considera a sí misma la cosa más grande en este mundo. Vale la pena notar que la mayoría de los asombrosos descubrimientos de la humanidad no son concernientes al ser humano, sino a su entorno. Es así cómo los esfuerzos humanos tienden a estar enfocados en el mundo material en lugar de en el hombre mismo. En este verso, Dios trae a los seres humanos de vuelta a su estatus real en este mundo. La humanidad es tan sólo una pequeña parte de la existencia, la cual resultó del milagroso acto de la creación divina. De esta forma, con el fin de entender por qué Dios creó a la humanidad, uno primero necesita responder la pregunta aún más fundamental de por qué Dios creó.

El Creador

La Creación es fundamentalmente la consecuencia del atributo divino de ser el Creador. Un creador que no crea es una contradicción. Esto no quiere decir que Dios necesita a Su creación. Dios es libre de todas las necesidades. Es la creación la que lo necesita a Él. Pero, así como la grandeza de un escritor se vuelve aparente en sus escritos, la perfección del atributo creativo divino se manifiesta en la creación. La creación, en el sentido verdadero, es única de Dios. A pesar de que los humanos se adjudiquen el acto de la creación a ellos mismos, lo que hacen no es verdadera creación. La humanidad solamente manipula lo que ya existe –lo que ya fue creado por Dios–. Una mesa es hecha de madera que vino de los árboles, y que es unida con clavos y tornillos hechos de metal que vino de minas de metales. Los seres humanos no hicieron los árboles ni las rocas. De hecho, todas las creaciones humanas pueden ser rastreadas hasta los elementos básicos que los seres humanos no pueden hacer. Incluso el artista “crea diseños basado en lo que ha visto. No es posible imaginarse lo que no ha sido percibido por los sentidos. De esta forma, todos los pensamientos del artista son reflejos de lo que ya fue creado. Sólo Dios crea de la nada. Este hecho básico fue, y aún es, incomprensible para algunos. Algunos filósofos antiguos, y modernos, quienes no pudieron comprender cómo podía Dios crear de la nada, afirmaron que el mundo creado y sus contenidos son todos, originalmente, una parte de Dios. Esto es, de acuerdo con ellos, Dios tomó una parte de Él Mismo e hizo el universo. Esta conclusión está basada en comparar a Dios con el hombre, quien sólo puede “crear” al modificar algo que ya existe. Sin embargo, Dios niega tales comparaciones, las cuales le atribuirían limitaciones humanas. En el Corán, Él declara:

“Es el Originador de los cielos y la Tierra; creó parejas entre vosotros [para que encontréis sosiego], y a vuestros rebaños también los creó en parejas, y así es como os multiplicáis. No hay nada ni nadie semejante a Dios, y Él todo lo oye, todo lo ve”. (Corán 42:11)

Es así como el acto de creación es la consecuencia del atributo divino de ser el Creador. Dios se describe a Sí Mismo como el Creador en una variedad de versos a lo largo de la revelación final, para enfatizarle a la humanidad que todo le pertenece sólo a Él.

“Dios es el Creador de todas las cosas, y Él es su Amparador”. (Corán 39:62)

“Dios es Quien os creó y a lo que vosotros hacéis”. (Corán 37:96)

El ser humano necesita darse cuenta de que nada tiene lugar en este universo sin el permiso de Dios. Buscar la protección del mal o buscar adquirir el bien de otra fuente distinta a Dios es un error inmenso. Debido a la ignorancia, mucha gente intenta evitar el infortunio o ganar la buena fortuna a través de una variedad de encantos y amuletos, la astrología o la quiromancia, etc. En consecuencia, en el Corán Dios nos informa a los seres humanos que debemos buscar refugio del mal en Dios:

“Di: Me refugio en el Señor del alba, de todo el mal que creó”. (Corán 113:1-2)

Allah, Dios Todopoderoso, no es malo; es bueno. Él creó un mundo en el cual el mal o el bien pueden ser hechos por los seres, a quienes Él les dio esta habilidad. A pesar de esto, ningún mal o bien pueden ser hechos en este mundo sin el permiso de Dios. Es por esto que es inútil acudir a otros fuera de Dios para pedir ayuda y protección.

 “Todas las desgracias acontecen con la anuencia de Dios”. (Corán 64:11)

El profeta final de Dios, Muhammad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, profundizó acerca de este concepto, al decir:

“Si toda la humanidad se reuniera para hacer algo para ayudarte, ellos solamente serían capaces de hacer algo por ti que Dios ya hubiera escrito para ti.  De la misma forma, si la humanidad entera se reuniera para hacerte daño, ellos sólo serían capaces de perjudicarte sobre lo cual Dios ya hubiera escrito que te pasara”. (At-Tirmidhi)

 

La Misericordia y Justicia Divinas

El Misericordioso, el Perdonador

En la creación de la humanidad, los atributos divinos del perdón, la misericordia y la amabilidad también se manifiestan. Los seres humanos fueron creados buenos y puros, con una conciencia natural del bien y del mal. El Todopoderoso también creó deseos en los seres humanos, y les dio una habilidad para  controlar esos deseos de acuerdo con la ley divina o de liberarlos y seguirlos ciegamente. Dios creó a la humanidad sabiendo que ellos lo desobedecerían. En consecuencia, Él enseñó a los seres humanos, empezando con Adán, cómo arrepentirse y por lo tanto purificarse a sí mismos de sus pecados. Adán y Eva representan un patrón a seguir para toda la humanidad. Ellos olvidaron el mandamiento de Dios, y Satán jugó con sus deseos. Luego de que ellos desobedecieron a Dios, volvieron a Él arrepentidos, y los perdonó. En la desobediencia y el regreso a Dios en arrepentimiento por parte de la humanidad, los atributos divinos de total perdón e infinita misericordia se vuelven manifiestos. El Profeta final, que la misericordia y las bendiciones de Dios estén con él, informó a sus seguidores de esta realidad al decir:

“Si ustedes no cometieran pecados y se volvieran a Dios buscando Su perdón, Él los reemplazaría por otras personas que cometieran pecados, le pidieran Su perdón y Él los perdonara”. (Sahih Muslim)

Cada uno de los 114 Capítulos de la revelación final, excepto uno, empieza con la frase: “En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso”. Los atributos de Dios de misericordia y perdón son enfatizados para alentar a los seres humanos a no caer en la desesperación. Sin importar qué tan grandes sean los pecados de los seres humanos, Dios puede perdonarlos si el hombre se vuelve a Él con arrepentimiento sincero. El Mensajero, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, dijo:  

“Cuando Dios creó el universo, hizo una obligación sobre Sí Mismo en un documento mantenido por Él: ‘Mi misericordia precede (supera) Mi ira’”. (Sahih Al-Bujari)

También dijo:

“[Dios creó] la misericordia con cien partes, una de las cuales fue descendida entre los genios, los seres humanos y los demás seres vivos. Es de esa parte de donde ellos se aman los unos a los otros, se muestran amabilidad entre ellos e incluso los animales tratan a sus crías con afecto. Dios ha reservado las restantes noventa y nueve partes para Sus verdaderos adoradores en el Día de la Resurrección”. (Sahih Muslim)

Si Dios lo hubiere deseado, hubiera podido crear a la humanidad como a los ángeles, incapaces de cometer pecados; a pesar de esto, ese no fue Su deseo, pues Él ya había creado a los ángeles. Los seres humanos fueron creados capaces de cometer errores, y cuando se dan cuenta de sus errores y buscan el perdón de Dios, los atributos divinos de la misericordia y el perdón se vuelven manifiestos.

La Justicia Suprema

En el juicio de la humanidad al final de este mundo, los atributos de Dios de justicia suprema y equidad también se vuelven manifiestos. Con base en Su infinita sabiduría, Dios hubiera podido crear a todos los miembros de la raza humana que fueran a vivir en la tierra e inmediatamente colocar a algunos de ellos en el Paraíso y a los otros restantes en el Infierno. Antes de crear al ser humano, Dios ya conocía qué decisiones ellos harían en sus vidas, qué provisión y oportunidades les daría, y en qué estado de creencia o incredulidad ellos morirían. Por lo tanto, en un sentido, se podría decir que algunas personas fueron creadas para  el Paraíso y otras para el Infierno. Aisha, la esposa del Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios estén con él, lo citó diciendo:

“¿No sabes tú que Dios creó el Paraíso y el Infierno, y que El creó los habitantes para cada uno de ellos?” (Abu Dawud, An-Nasai)

Si Dios hubiera inmediatamente puesto a aquellos destinados para el Paraíso en el Paraíso, ellos no hubieran cuestionado la decisión de Dios. Aquellos en el Paraíso con felicidad aceptarían una vida eterna de dicha y estarían agradecidos de que no hubieran sido puestos en el Infierno. Sin embargo, aquellos inmediatamente puestos en el Infierno preguntarían el por qué. Tendrían un sentimiento de injusticia debido a su ignorancia de qué hubieran hecho si hubieran vivido en la tierra. Aquellos en el Infierno argumentarían sin descanso que si se les hubieran dado la oportunidad de vivir sus vidas en la tierra, hubieran creído y hubieran hecho buenas acciones. En consecuencia, Dios le permite a los seres humanos vivir sus vidas en la tierra y tomar todas las decisiones por sí mismos, para que todo el que entre en el Infierno sepa que ellos escogieron el Infierno por sí mismos. Ellos reconocerán la misericordia de Dios en sus vidas y reconocerán su pecado al rechazar Sus señales y Su guía. Y ellos aceptarán Su juicio como justo y más allá de cualquier reproche. A pesar de esto, ellos aún rogarán por otra oportunidad de hacer el bien en este mundo, como Dios dice en el Corán:

“Y verás [¡Oh, Muhammad! cuán terrible será] cuando los pecadores inclinen sus cabezas ante su Señor y digan: ¡Oh, Señor nuestro! Ahora se nos ha evidenciado la Verdad y creemos. Permítenos retornar a la vida mundanal para que obremos rectamente; ahora estamos convencidos’”. (Corán 32:12)

Sin embargo, si Dios fuera a enviarlos de vuelta a este mundo habiendo olvidado lo que ellos hubieran visto en el Infierno, de nuevo escogerían el mal y terminarían en el Infierno como antes. Dios habló de esto en el Corán:

“Y si se les diera la oportunidad de regresar [a la vida mundanal] volverían a [cometer] lo que se les había prohibido…” (Corán 6:28)

Por Dr. Bilal Philips

ew Ro �; � s�ck;mso-ansi-language:ES'>Ahora pensemos un instante en esto, en este mundo, las cosas que no cumplen su función no terminan bien.  Quien considere que los ejemplos de esta vida pueden ser transpolados al campo de la religión podría pasar todo el día elaborando ideas en torno a esto.

Sin embargo, no debemos descartar este ejemplo, ¿no están el nuevo y el antiguo testamento repletos de analogías?  Y ¿no hablaba Jesús con parábolas?

Entonces, tal vez debamos tomar estos ejemplos con seriedad.

Sí, sin duda debemos tomar estos ejemplos seriamente.  Es evidente que los castigos y el tormento del fuego infernal no son asuntos que debamos tomar a la ligera.

 

La necesidad de la Revelación

En las dos primeras partes de esta serie de artículos, hemos buscado juntos la respuesta a dos grandes interrogantes:  ¿Quién nos ha creado?  Y: ¿Para qué Dios nos situó aquí?, y concluimos que Dios nos ha creado para servirlo.  Naturalmente, nuestra tercera pregunta será: Si nuestro Creador nos ha colocado aquí para servirlo y adorarlo ¿Cómo debemos hacer esto?

Sin embargo mucha gente cuestionará nuestra afirmación sobre la necesidad de una revelación, y dirán: ¿Para qué la necesitamos?  ¿Es realmente bueno recibir la revelación?  ¿No es mejor servir a Dios como nosotros creamos conveniente?

Para reafirmar la necesidad de la revelación, expondremos los siguientes puntos: En nuestro primer artículo dijimos que este mundo tiene muchas injusticias, y sin embargo, nuestro Señor es Justo, Él no ha establecido una supremacía evidente de la justicia en esta vida, pero sí en la otra.  Además, la justicia requiere cuatro cosas para predominar: una corte (por ejemplo, el día del juicio); un juez, (Evidentemente el Creador); testigos (los hombres, las mujeres, los ángeles) y un libro que exprese claramente la ley por la cual se juzga (la revelación).  Ahora bien, un juicio no sería justo si no se informó a quienes son juzgados durante su vida de la ley que debían seguir; de otra manera, sin revelación, Dios sería injusto al juzgar sin haber hecho previamente descender la ley revelada a quienes juzga, y esta información, debió llegarles mientras actuaban.

¿Para qué es necesaria la revelación?  Sin leyes, las personas no pueden llegar a acuerdos en ningún asunto ¿Cómo podrían llegar a comprender lo que Dios les ha ordenado hacer, entonces?

Segundo, nadie puede escribir un manual de instrucciones tan bien como el fabricante.  Dios es el creador, nosotros la creación, y por lo tanto nadie puede conocer lo que se espera de nosotros, más que el Creador.  ¿Acaso están los empleados capacitados para informarse a sí mismos de su trabajo, de qué y cómo deben cumplir sus tareas?  ¿Acaso todos los ciudadanos están capacitados para escribir sus propias leyes?  ¿No?  Pues bien, ¿Por qué creeríamos que estamos capacitados para escribir nuestra propia religión?  La historia nos muestra con claridad lo que ha ocurrido cuando los hombres ceden a seguir sus propios caprichos.

¿Cuantos malos líderes han diseñado sus propias religiones y leyes, sumiéndose ellos y a sus seguidores en el desastre en este mundo y en algo peor en la otra vida?

Pero en definitiva ¿por qué no podemos diseñar nuestra propia religión?  ¿Por qué no podemos establecer nuestras propias leyes trascendentes?  Es evidente que el concepto de lo que es bueno, varía de una persona a otra.  Para unos, es llevar una vida de elevada moral e higiene; para otros es vivir el máximo de libertad posible, prescindiendo de todo freno a sus pasiones.  De la misma manera, la forma en la cual debemos adorar y servir a Dios, no es comprendida igual por todas las personas.

Evidentemente nadie puede ir a comer a un restaurante o a comprar algo a un mercado, y pagar con una divisa diferente a la que acepta el vendedor.

Con la religión ocurre lo mismo.

Si las personas desean que Dios acepte sus actos de adoración y de servicio a Él, deben realizar los actos que Él desea, y estos están detallados en la revelación.

Lo que Dios ordena, es obediencia a la revelación.

Imaginemos que tienes en tu casa varios hijos, que obedecen las reglas de la casa que les has explicado, de pronto un día, uno de ellos reclama que seguirá sus propias reglas, que él ha ideado.  ¿Cómo responderías?

Tal vez lo harías con la frase ¡Agarra tus nuevas reglas, y vete al infierno! Bien, nosotros somos la creación de Dios, vivimos en el universo que Él ha creado, y ha impuesto sus reglas a todo, incluyéndonos a nosotros, de acuerdo a lo que acabamos de razonar… ¿Qué nos dirá Dios si pretendemos dejar de lado sus reglas y reemplazarlas por las normas que inventamos?

Debemos meditar sinceramente estos asuntos.  Debemos reconocer que cada cosa agradable que nos ocurre, es un regalo de nuestro Señor, y un motivo por el cual debemos agradecerle.

¿Acaso no agradecemos a quien nos hace un regalo antes de usar lo que nos ha regalado?

Y aún así, muchas personas disfrutan de los dones que Dios les ha regalado y nunca en toda su vida le dan gracias.

La poetisa inglesa Elizabeth Barrett Browning, habla de lo irónico que resulta el lamento del hombre:

Y los labios dicen a menudo: “Dios nos ha castigado”.

Y nunca dicen “Loado sea Dios que nos dio esto.”

¿Acaso no debemos estar agradecidos por lo que Dios nos da?  ¿No debemos agradecerle ahora y el resto de nuestra vida?  ¿No debemos volvernos a Él?

Deberás reconocer que la respuesta a estas preguntas es “Sí”.

Nadie dotado de entendimiento puede meditar en todo esto sin responder igual.  Pero he aquí un problema, Muchos de ustedes contestaron Sí, sabiendo bien que su corazón no está con la Biblia.  O quizás tu corazón está con la Biblia, pero no completamente.  Tú has aceptado que existe un Creador, has aceptado que le debemos a este Creador adoración y servicio, pero aún no sabemos exactamente cómo lo adoraremos y lo serviremos, desafortunadamente, esto no puede ser respondido en un artículo, estas respuestas requieren todo un libro.

 

Copyright © 2008 Laurence B. Brown.

About the Author:
The author can be contacted at Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..  He is the author of The First and Final Commandment (Amana Publications) and Bearing True Witness(Dar-us-Salam).  Forthcoming books are a historical thriller, The Eighth Scroll, and a second edition of The First and Final Commandment, rewritten and divided into MisGod’ed and its sequel, God’ed

 

Footnotes:

[1] Dejando de lado el carácter religioso de este artículo un momento, recomendamos leer A Short History of Nearly Everything (Una breve historia de casi todo) de Bill Bryson.

 

 

Leave a comment

You are commenting as guest. Optional login below.