El Islam es II

El Islam es II

Los Cinco Pilares del Islam

Existen cinco actos obligatorios de adoración que todo musulmán debe llevar a cabo minuciosamente. El no hacerlo implica un pecado grave. La estructura del Islam descansa sobre estos cinco pilares. No se puede decir que alguien es musulmán si niega la obligatoriedad de alguno de estos actos.

Las cinco obligaciones de los musulmanes son las siguientes:

  1. La declaración de fe, ‘Testificar que no existe ninguna verdadera deidad excepto Dios, y que Muhammad (SWS) es Su Mensajero’ (Shahaadah).
  2. Orar cinco veces al día (Salah)
  3. Pagar la caridad anual (Zakah)
  4. Ayunar durante el mes de Ramadán (Sawm)
  5. Realizar la peregrinación a La Meca (Hayy)

La Declaración de Fe (Shahaadah)

Es obligatorio que toda persona que pretenda ingresar al Islam crea y diga: ‘Testifico que no existe ninguna deidad verdadera excepto Dios, y que Muhammad (SWS) es Su Mensajero’. Con esta simple, importante y poderosa declaración, se considera que una persona es parte del Islam. No existe ningún rito de iniciación en el Islam.

Los conceptos incluidos en ese testimonio de fe pueden explicarse analizando las tres partes del mismo. La primera parte, ‘No existe ninguna deidad verdadera...’ es una negación del politeísmo[1]. Es una negación de la existencia de toda otra deidad que no sea Dios, de todo ente que comparta los atributos divinos de Dios. La segunda parte que dice “excepto Dios” es una afirmación del monoteísmo. Dios es el único que merece ser adorado.

Muhammad (SWS) es el Mensajero de Dios” es la tercera parte de la declaración de fe. Se trata de la afirmación de que Muhammad (SWS) es el último Profeta y Mensajero de Dios.[2] Ese punto requiere, además, aceptar incondicionalmente el Corán y las tradiciones auténticas de Muhammad (SWS).

Al creer y pronunciar el testimonio de fe, una persona estará rechazando todos los falsos objetos de adoración y afirmando que Dios es el único digno de ser adorado. Dios no tiene pares ni iguales. Dios promete que una vez que una persona afirma y dice con sinceridad “Testifico que no existe ninguna deidad excepto Dios, y que Muhammad (SWS) es Su Mensajero”, se perdonan todos sus pecados anteriores. Las buenas acciones que uno haya hecho previamente también serán recompensadas por Dios, El Más Misericordioso.

Orar cinco veces al día (Salah)

Todo musulmán debe realizar cinco oraciones obligatorias al día. Al realizarlas, el musulmán debe orientarse hacia La Meca, hacia la primera casa construida para adorar al Único Dios. Esta casa es llamada la Ka’bah, una estructura cúbica ubicada en lo que hoy es Arabia Saudita. Fue construida por el profeta Abraham y su hijo Ismael para adorar al Único y Verdadero Dios.

Uno debe recordar que el Islam no tiene reliquias ni símbolos sagrados. No adoramos la Ka’bah; simplemente adoramos a Dios orientándonos hacia la Ka’bah. Al mirar hacia la Ka’bah en la oración, se unifican todos los musulmanes al adorar al Único Dios. Aquel que adore la Ka’bah o a cualquier otro objeto creado será considerado un idólatra. Dicho en otras palabras, los materiales con los que fue construida esta casa no son más sagrados que los utilizados para construir cualquier otra casa.

Dichas oraciones tienen lugar durante el día y la noche, y son un recordatorio constante de la obligación y la sumisión a Dios. Son un vínculo directo entre quien las realiza y Dios. Es la oportunidad de acudir a Dios, de dar gracias, de pedir perdón, y de pedir que nos otorgue Su guía y misericordia.

El musulmán puede realizar oraciones voluntarias con más frecuencia. Las oraciones, en el sentido general de súplica, pueden realizarse prácticamente en cualquier momento y lugar.

Pagar la caridad anual (Zakah)

Todo musulmán con suficiente prosperidad para acumular y retener un cierto monto de su riqueza tiene la obligación religiosa de dar a quienes lo necesitan. Dicha caridad es llamada Zakah en árabe, que literalmente significa ‘purificación’. Todas las cosas pertenecen a Dios, El Más Misericordioso, y la riqueza simplemente le es confiada a los seres humanos. El pago de dicha caridad es una manera que tienen las personas solventes para purificar todo lo ganado éticamente y que Dios les ha otorgado. Además, es un medio directo de distribuir la riqueza en la sociedad y ayudar a los pobres y necesitados. El Zakah (caridad) también purifica el alma del que da, reduce la avaricia, y fortalece la compasión y la generosidad en la humanidad. La tasa básica de esa caridad es un 2,5% de la riqueza ahorrada durante todo un año. Se calcula sobre los ahorros, no sobre los ingresos.

Ayunar durante el mes de Ramadán (Sawm)

Todo musulmán pubescente físicamente capaz, debe ayunar durante el mes lunar de Ramadán. Este mes tiene un gran significado pues las primeras revelaciones del Corán a Muhammad (SWS) sucedieron durante este mes. Dado que un año del calendario lunar es once días más corto que en el calendario solar, el mes de Ramadán se va dando en distintas épocas del año conforme van pasando los años. Al igual que la caridad es una manera de purificar la riqueza, el ayuno es una forma de auto-purificación. El ayuno comienza al alba y termina al atardecer del lugar donde uno se encuentre. Durante el día, la persona debe abstenerse de comer, beber y mantener relaciones sexuales con su cónyuge[3]. Estas actividades son permitidas desde el ocaso hasta el alba del día siguiente. El ayuno enseña autocontrol y paciencia. Al igual que la oración, ayunar es una manera de acudir a Dios en una sincera adoración. Las dos festividades para los musulmanes son ‘Eid Al-Fitr, que se celebra al finalizar Ramadán, y ‘Eid Al-Adha, que se celebra al terminar la peregrinación (Hayy). El ayuno nos recuerda las condiciones de los necesitados y nos ayuda a apreciar las simples bendiciones que a menudo damos por sentadas, como un vaso de agua fresca o de poder comer a voluntad.

Realizar la peregrinación a La Meca (Hayy)

Todo musulmán debe realizar la peregrinación a la Ka’bah, en La Meca, al menos una vez en su vida si es que tiene los medios y la posibilidad de hacerlo. Allí se unen musulmanes de todo el mundo con el fin de adorar y complacer a Dios. Millones de peregrinos visitan la Ka’bah y realizan el Hayy anualmente.

El rito de Hayy tiene su origen en el Profeta Abraham y fue restablecido por Muhammad (SWS). La peregrinación a La Meca obliga a los peregrinos a romper todas las barreras raciales, económicas y sociales que puedan contaminar sus sociedades. También invita a cada peregrino a practicar la paciencia, el auto-control y la piedad. Los peregrinos usan ropa simple que dejan de lado las distinciones de clase y cultura. Todos estos actos obligatorios de adoración mantienen vivo el recuerdo de Dios y les recuerdan a los musulmanes que de Dios venimos y que a Dios retornaremos.


El Corán

El Corán es el registro final, infalible, directo y completo de las palabras exactas de Dios, traídas por el ángel Gabriel[4] e implantadas firmemente en el corazón de Su Profeta y Mensajero final, Muhammad (SWS). El Corán fue aprendido y memorizado por muchos de los compañeros de Muhammad (SWS) y transmitido a nosotros a través de una preservación meticulosa vía oral (primaria) y escrita (secundaria) a lo largo de los siglos.

Los libros revelados antes del Corán a través de los Profetas y Mensajeros de Dios también fueron enviados por Él. Al revelar el Corán, el mensaje de Dios fue restablecido y clarificado. El Corán es único por diversas razones. Dios, El Guardián, ha conservado perfectamente el Corán, y garantizado que no sea corrompido hasta el final de los días. El Corán es considerado, no solo por los musulmanes sino por los historiadores de la religión, como el texto religioso más auténtico de todas las religiones mundiales[5]. Ningún otro libro revelado nos ha llegado en su forma o idioma original. Algunos de ellos, como los rollos que le fueron revelados a Abraham, ni siquiera nos han llegado. A lo largo del tiempo, fueron rescritas o eliminadas partes de otras escrituras, con la consiguiente distorsión del mensaje.

Dios no permitió que tal tergiversación le sucediera al Corán porque es Su libro final para toda la humanidad hasta el Día del Juicio. No vendrá ningún otro Profeta ni Mensajero. Si Dios no hubiera protegido al Corán, jamás nos habría llegado en su forma pura y original. Por esta razón, Dios no les confió a los seres humanos la conservación del Corán.[6]

La preservación divina de las primeras escrituras no fue tan importante porque Dios siguió enviando Profetas y Mensajeros a la gente. La ley tal como estaba en esas antiguas escrituras no se encontraba en su forma completa. Por orden de Dios, Jesús introdujo modificaciones a la ley, por ejemplo, haciendo lícitas algunas cosas que antes no lo eran, pero sin cambiar el concepto básico de monoteísmo.

Otra cualidad única del Corán es que es un milagro sorprendente en sí mismo. Un milagro es un fenómeno que va contra el orden natural de las cosas y que demuestra claramente la intervención directa de Dios, El Todopoderoso.

Todos los Profetas y Mensajeros trajeron milagros de Dios que demostraron claramente la verdad de su carácter de Profetas. Abraham salió ileso después de ser arrojado a las llamas. Moisés levantó su bastón y Dios hizo que el mar se dividiera por Su misericordia. Jesús, el hijo de María, tocaba a los muertos y enfermos terminales y les devolvía la vida y la salud por el permiso de Dios. Todos estos milagros revelaron la legitimidad y validez de los Profetas y Mensajeros, pero solo pudieron ser vistos por las personas que estuvieron allí en ese momento.

Si bien el carácter de Profeta en Muhammad (SWS) fue comprobado de igual manera por diversos sucesos milagrosos, el más importante de todos ellos es el Glorioso Corán. Dios desafía a aquellos que dudan de la autenticidad del Corán a producir un solo capítulo que se asemeje a un capítulo del Corán. (Cabe señalar que el capítulo más corto del Corán está compuesto de solo tres versículos cortos). Nunca se ha podido lograr esto, aunque hubo a lo largo de la historia muchas personas que se han dedicado a desacreditar al Corán y alejarse del Islam. El desafío de Dios sigue en pie hasta el Día del Juicio. Uno de los milagros del Corán es que se trata del pináculo de la excelencia literaria. Es la prosa árabe más elocuente que existe. Su estilo no tiene parangón en la lengua árabe, es un estilo inimitable. El Corán es para toda la gente, y está disponible en su lengua viva y original, el árabe, que sigue siendo usada por millones de personas en todo el mundo. Los textos originales de muchos otros libros religiosos se han perdido con el pasar de los años y sus lenguas originales ya no se hablan en la actualidad.

Ni siquiera una palabra del Corán es palabra de Muhammad (SWS), sino que son las palabras de Dios. Muhammad (SWS) en realidad no sabía leer ni escribir. Él recitaba el Corán tal como le fue revelado por el ángel Gabriel, mientras que sus compañeros, por indicación suya, lo escribían y memorizaban. El Corán es la palabra directa de Dios. Por lo tanto, el Corán es el único libro que tenemos en la actualidad tal cual fuera revelado por Dios. No existen diferentes versiones del Corán. Si bien hay diversas traducciones del significado del Corán, ni siquiera se acercan a la magnificencia y belleza del Corán en árabe. La siguiente es una muestra del Corán, capítulo 112 de la traducción castellana de su significado:

“En el nombre de Dios, Clemente, Misericordioso”

“Di: Él es Dios, la única divinidad. Dios es el Absoluto [de Quien todos necesitan, y Él no necesita de nadie]. No engendró, ni fue engendrado. No hay nada ni nadie que se asemeje a Él.”


El Profeta Muhammad (SWS) y Su Sunnah

Muhammad (SWS) nació en el año 570 d.C. desciende de los dos grandes Profetas de Dios, Abraham y su primogénito, Ismael. Muhammad (SWS) creció con el título de ‘El Fidedigno’. A la edad de cuarenta años, Muhammad (SWS) fue elegido por Dios para ser Su último Profeta y Mensajero.

La Sunnah se refiere a los dichos, acciones y aprobaciones tácitas del Profeta Muhammad (SWS). Los reportes y narraciones sobre la Sunnah se conocen como el Hadiz, y están recopilados en conocidos libros. Al igual que el Corán, la Sunnah está inspirada por la revelación de Dios a través del Profeta Muhammad (SWS). A diferencia del Corán, no se trata de la palabra directa y literal de Dios. Las enseñanzas pertenecen a Dios (revelación divina) y las palabras son del Profeta Muhammad (SWS) (un ejemplo para la humanidad). La Sunnah también fue preservada meticulosamente.

Es obligatorio que los musulmanes sigan la Sunnah del Profeta Muhammad (SWS). En el Corán, Dios ordena a los creyentes obedecer al Mensajero (enviado de Dios). Dios nos dice:

¡Oh, creyentes! Obedeced a Allah y obedeced al Mensajero.” [Corán 4:59]

El propósito de la vida es servir y obedecer a Dios. Esto se logra siguiendo las enseñanzas y prácticas del Profeta. Dice Dios:

“Hay un bello ejemplo en el Mensajero de Allah [de valor y firmeza en la fe] para quienes tienen esperanza en Allah, [anhelan ser recompensados] en el Día del Juicio y recuerdan frecuentemente a Allah.” [Corán 33:21]

El Profeta les enseñó a los musulmanes cómo llevar a cabo todos los aspectos de la adoración. Murió a los 63 años (en el año 632 d.C.) y fue enterrado en su casa en la ciudad de Medina (Yazrib). Siempre saludaba a sus compañeros al llegar o partir con salutaciones e invocaciones de paz, algo recomendado para todos los musulmanes. En el lapso de un siglo, el Islam se extendió por tres continentes, desde China a toda Asia, y por toda África, y de allí a España.


Los Peligros de las Innovaciones en el Islam

Dios les ordenó a los musulmanes que no se dividieran en sectas. Las innovaciones y divisiones en temas de religión y adoración dentro del Islam se consideran una contaminación, un error y una desviación. Las primeras desviaciones del monoteísmo, como adorar cosas creadas, provocaron la condena de Dios. (Sin embargo, se recomiendan altamente las innovaciones en otros ámbitos, como la ciencia y la tecnología para mejorar la vida). Dios, El Más Compasivo, nos ha dicho a través de Su último Profeta Muhammad (SWS), que cuando Muhammad (SWS) se acercaba al final de sus días, ya había completado la religión del Islam. Los musulmanes deben reconocer que todo cambio en temas de adoración está terminantemente prohibido. Ningún ser humano debe introducir cambio alguno, ya que la humanidad está constantemente bajo la influencia de Satán, quien difícilmente agregue algo positivo y que sólo contribuirá a la degradación de la religión completa y perfecta que Dios estableció para nosotros. Todas las innovaciones en temas de religión hacen que la gente se descarríe, y el descarriamiento lleva al Infierno. La gente no debe permitir ninguna desviación (agregado u omisión), por más pequeña que sea, en lo que respecta a la adoración[7]. Si se permiten cambios, esas desviaciones se trasladarán a las generaciones futuras, y el resultado será una religión hecha por el hombre, no el Islam que conocemos, perfeccionado por Dios, La Verdad. Es inadmisible construir una fe como si usáramos un ‘carrito de compras’ o siguiendo ciegamente a un líder religioso.

El cambio de las leyes de Dios está prohibido en el Islam. Dios condena a los líderes religiosos que modifican los principios divinos. El que intente realizar cambios estará ubicándose en el mismo nivel que Dios, por lo tanto comete politeísmo. Un ejemplo de esto es hacer lícita la matanza de inocentes. Las leyes de Dios son perfectas y no necesitan ser ‘modernizadas’ por nadie. Dios nos da la libertad de obedecerlo o no elegir Su fe y seguir nuestros propios deseos. No obstante, Él nos prohíbe cambiar Sus principios religiosos.

(Cabe agregar que la media luna no representa la religión del Islam, pues el Profeta Muhammad (SWS) nunca la usó ni la mencionó. Se trata de un símbolo pagano y una innovación traída por generaciones posteriores como un símbolo político. Lamentablemente, muchos la adoptaron erróneamente como un símbolo islámico).


La Historia de Adán y Eva

La historia de Adán y Eva está relatada en el Corán. Si bien es similar en numerosos aspectos a lo que se menciona en las antiguas escrituras, difieren algunos principios importantes.

Dios anunció a los ángeles que iba a poner nuevas especies en la tierra. Creó a Adán a partir de un trozo de arcilla. Luego le insufló el alma, le enseñó los nombres de todas las cosas, y creó a su esposa, Eva. Dios les permitió vivir en el Paraíso con libre albedrío. Dios les dijo a los ángeles: “Inclínense ante Adán” (Lo hicieron en forma de respeto, no de adoración). Satán estaba presente entre los ángeles, aunque no era uno de ellos. Él era un yinn,[8] una especie de ser con libre albedrío que Dios creó mucho antes que Adán a partir del fuego. Cuando Dios les ordenó a los ángeles y a quienes lo acompañaban inclinarse ante Adán, todos lo hicieron excepto Satán, quien se negó por orgullo y arrogancia, diciendo ser mejor que Adán por haber sido creado del fuego, mientras que Adán fue creado de arcilla. De hecho, Satán fue el primer racista.

Satán salió así de la gracia de Dios. Dios, El Calculador, lo condenó por su desobediencia, pero Satán, el maldito, le pidió a Dios que le diera una prórroga hasta el Día del Juicio Final, para así hacer indignos a Adán y a sus descendientes. Dijo Satán: “Ciertamente los llevaré por el mal camino y provocaré en ellos deseos vanos”. Dios le dio esa prórroga para probar a la humanidad. Dios sabe lo que Satán no sabe. Es importante acotar que no hay manera en que Satán pueda estar en ‘guerra’ con Dios, porque, igual que todo lo que existe, él es creación de Dios. Satán existe solo por voluntad de Dios; está totalmente sometido al poder de Dios. Si Dios no quisiera que Satán o sus ayudantes existieran, no podrían permanecer en este mundo ni siquiera un instante.

El Islam no le da a Satán ni un ápice de la divinidad de Dios. No le atribuye ninguna cualidad divina. El Islam rechaza la idea de que Satán estuvo en guerra con Dios y obtuvo un tercio del Paraíso como resultado de ella. Satán es un enemigo declarado de la humanidad, pero es sólo una criatura, totalmente dependiente de Dios para su existencia.

Si bien es orgulloso, maldito y carente de la gracia de Dios, la existencia de Satán tiene un objetivo. Dios quería que los humanos tuvieran libre elección entre el bien y el mal. Les dio a los seres humanos la capacidad innata de reconocer al Creador y acudir a él. El ser humano es bueno por naturaleza, nacido puro, en estado de Islam (sumisión). Satán y sus laderos ordenan el mal y se oponen al bien, buscan desviar a la humanidad, su principal enemigo, hacia el mal y la idolatría, alejarla del monoteísmo, la corrección y el camino de Dios. Dios, El Más Sabio, invita a los musulmanes a prohibir el mal. Dado que gozamos de libre albedrío, al resistirnos a la tentación de Satán, los humanos podemos alcanzar un gran honor.

El siguiente es un resumen de la prueba de Adán y Eva en el Paraíso. Ellos disfrutaban de libertad y felicidad perfectas en el Paraíso. Dios les dijo que comieran los frutos del Jardín con placer y a su antojo. Pero les prohibió acercarse a un árbol, y les advirtió que si lo hacían, estarían pecando. Satán los engañó, diciendo que Dios solo les prohibió comer de ese árbol porque los haría inmortales o se convertirían en ángeles. Así, fueron engañados por Satán y comieron del árbol.

Adán y Eva sintieron vergüenza. Acudieron a Dios sinceramente arrepentidos y Dios, El Que Todo Perdona, El Lleno de Gracia, El Más Misericordioso, los perdonó. El Islam rechaza claramente el concepto del pecado original, o la idea de que todos los seres humanos son pecadores natos debido a los actos de Adán. Ningún ser humano debe llevar la carga de otro (pues Dios es El Justo). Todo ser humano es responsable de sus acciones y nace como musulmán, puro y libre de pecado. Es importante notar que el Islam no le echa la culpa a Eva. Tanto Adán como Eva tenían libre albedrío y ambos comieron del árbol. Su pecado y desobediencia fue algo realizado en conjunto. El Islam rechaza la idea de que las mujeres son tentadoras malignas o malditas con la carga de la menstruación y el dolor del parto debido al pecado de Eva.

Dios expulsó a Adán y Eva del Paraíso y los hizo vivir en la Tierra. Dios les había dicho antes a los ángeles que pondría un nuevo ser en la tierra. La Tierra es donde Dios, desde el momento de la creación y en Su eterno conocimiento, quiso que estuviéramos.


[1] Esta negación significa que no se debe adorar nada ni nadie excepto a Dios, y que nada tiene carácter divino, excepto Dios, nadie comparte los atributos de Dios, y nadie puede ser el creador ni proveer el sustento a la creación, excepto Dios, quien no tiene pares ni iguales.

[2] Uno puede preguntar “Si el Islam enseña que todos los Profetas y Mensajeros son iguales, entonces ¿por qué el testimonio de fe menciona solo al Profeta Muhammad sin mencionar a los demás?”. Esto es así porque todo el que reconoce al Profeta Muhammad está reconociendo a todos los Profetas y Mensajeros de Dios que vinieron antes que él. Por ejemplo, si uno testificara que “No existe ninguna verdadera deidad excepto Dios, y Moisés es el Mensajero de Dios”, no necesariamente se estaría reconociendo a los Mensajeros que siguieron a Moisés, como Jesús o Muhammad.

[3] El Islam exige castidad y prohíbe todas las relaciones sexuales pre o extramaritales.

[4] En el Islam se enseña que ‘el espíritu Santo’ es el ángel Gabriel, quien nunca debe ser adorado. (Creer en la trinidad contradice el principio básico de la fe islámica – el monoteísmo).

[5] Ver Joseph van Ess, “Muhammad and the Qur`an: Prophecy and Revelation” en Christianity and the World Religions: Paths to Dialogue with Islam, Hinduism, and Buddhism, editado por Hans Kung (Garden City, NY: Doubleday & Co., 1986); y Michael Sells, Approaching the Qur`an: The Early Revelations (Ashland, OR: White Cloud Press, 1999).

[6] El Corán consiste en 114 capítulos y es un solo libro, a diferencia de las numerosas versiones que existen de la Biblia. Los cristianos protestantes tienen 66 libros en su versión mientras que los católicos romanos tienen 72 libros. En otras versiones hay aún más libros.

[7] El Islam enseña que deben cumplirse dos condiciones para que un acto de adoración sea aceptado por Dios: La intención debe ser, primero que nada, complacer a Dios, y el acto debe realizarse según la Sunnah del Profeta Muhammad (r).

[8] Los yinn fueron creados antes que Adán y tenían libre albedrío. Los yinns desobedientes son demonios. Viven aquí con nosotros de tal manera que pueden vernos pero nosotros no a ellos a menos que elijan adoptar alguna forma de aparición. La brujería, que está prohibida en el Islam, se realiza a través de ellos.

Leave a comment

You are commenting as guest. Optional login below.