Muhammad El Mensajero de Dios I

La paz y las bendiciones de Dios sean con él

Muhammad El Mensajero de Dios I

Todas las alabanzas son para Dios, el Señor de los mundos, y que Dios exalte la mención de Su Profeta, y que proteja a su familia de todo daño.

 

Cuando hablamos del Profeta Muhammad (e)[1] se debe tener en cuenta que se está hablando de la persona más grande de la historia. Y no es una frase sin fundamento; quien lea su biografía, y aprenda sus modales y ética, a la vez que se mantiene alejado de todos los preconceptos seguramente llegará a esta conclusión. Algunos no musulmanes que tienen un carácter justo también han llegado a esta conclusión.

El Profesor Hasan Ali, que Dios tenga piedad de él, dijo en su revista ‘Nur al-Islam’ que un colega suyo de religión Brahmánica[2] le dijo una vez: ‘Reconozco y creo que el Mensajero del Islam es el hombre más grande y juicioso de toda la historia’. El Profesor Hasan Ali, que Dios tenga piedad de él, le preguntó: ‘¿Por qué lo consideras el hombre más grande y juicioso de toda la historia?’. Este le respondió:

Ningún hombre poseía las características, los modales y la ética que él tenía en conjunto. Fue un líder que unificó la Península Arábiga; pero era humilde. Él creía que el dominio era solo de Dios. Le llegaban grandes riquezas, pero vivía en estado de pobreza; el fuego no ardía en su casa durante muchos días y permanecía con hambre. Era un gran líder; guiaba a unos cuantos a luchar contra miles, aún así los derrotaba de manera decisiva. Amaba los acuerdos de paz, y los entablaba con firmeza de corazón, si bien tenía a su lado a miles de sus bravos y valientes seguidores. Cada Compañero era muy valiente y se enfrentaba por sí solo a mil enemigos. Pero el Profeta tenía un corazón tierno, piadoso y no quería derramar ni una gota de sangre. Estaba profundamente preocupado por los asuntos de la Península Arábiga, mas no descuidaba los asuntos de su familia, su hogar, o los pobres y necesitados. Enseñaba con gusto el Islam entre aquellos que habían perdido el rumbo. Era un hombre preocupado por el mejoramiento y el bienestar de la humanidad, mas no se interesaba en amasar una fortuna mundana. Se ocupaba con adorar a Dios y amaba hacer aquellas cosas que complacían a Dios. Nunca se vengaba. Rezaba incluso por el bienestar de sus enemigos y les advertía del castigo de Dios. Era ascético con respecto a los asuntos mundanos y adoraba a Dios durante toda la noche. Era un soldado bravo y valiente. Dormía sobre una parva de paja, y una almohada rellena con gruesas fibras. La gente lo coronó como líder de los árabes, pero su familia llevaba una vida simple, aún después de recibir grandes fortunas y riquezas que se acumulaban en la mezquita para ser repartidas entre los pobres. Fátima[3] se quejó una vez ante él por el arduo trabajo que ella hacía, el mortero y la jarra de agua que solía llevar dejaban marcas en su cuerpo. El Mensajero no le dio un sirviente, ni le dio una porción de su riqueza; en su lugar, le enseñó unas palabras y súplicas. Su Compañero, Umar[4], vino a su casa y miró su cuarto, y no vio más que una parva de paja sobre la que estaba sentado el Profeta, y que le había dejado marcas en el cuerpo. Los únicos víveres que había en la casa eran medio Saa’[5] de cebada en un recipiente, y una piel para contener agua que colgaba de la pared – eso es todo lo que el Mensajero de Dios poseía en un momento en que la mitad de los árabes estaban bajo su control. Cuando Umar vio esto, no pudo controlarse y rompió en llanto. El Mensajero de Dios (e) dijo:

 

 

“¿Por qué lloras Umar?’. Él respondió: ‘¿Por qué no habría de llorar? – Cosroes y César disfrutan de este mundo y el Mensajero de Dios (e) solo posee lo que puedo ver’. Le respondió: ‘Oh Umar, ¿no te complacería saber que eso es lo que les toca a Cosroes y César en este mundo, y que en el Más Allá el placer será solo para nosotros?”

 

Cuando el Profeta examinaba sus tropas antes de ocupar La Meca, Abu Sufyan (uno de sus enemigos) estaba parado junto a al-Abbas, el tío del Profeta (e) y miraban los estandartes del ejército musulmán. Abu Sufyan en ese entonces no era musulmán. Se sorprendió ante el gran número de musulmanes; avanzaban hacia La Meca como un torrente de agua. Nadie podía detenerlos y nada se interponía en su camino. Abu Sufyan le dijo entonces a al-Abbas: “¡Oh Abbas, tu sobrino se ha convertido en un gran Rey!” Abbas respondió diciendo: “No es un rey, sino un profeta, y transmite el Mensaje del Islam”.

 

Ad’i at-Ta’i quien era un paradigma de generosidad, asistió a una asamblea del Profeta (e) mientras aún era cristiano. Cuando vio cómo los Compañeros respetaban al Profeta, se vio confundido - ¿era Profeta o rey? Se preguntó a sí mismo: “¿es un rey o un Mensajero de los Mensajeros de Dios?”. Mientras trataba de encontrar una respuesta a su interrogante, una mujer pobre vino al Profeta y le dijo: “Necesito consultarlo sobre un asunto privado”. El Profeta (e) salió junto a la mujer y se ocupó de responder a sus necesidades. Cuando Ad’i vio la humildad del Profeta, se dio cuenta de la verdad, se deshizo de las cruces que llevaba consigo, y se convirtió en musulmán”.

En el libro mencionaré algunas frases de los orientalistas con respecto a Muhammad, que Dios exalte su mención. Como musulmanes, creemos en el Profeta (e) y en su Mensaje, pero mencionamos estas frases por las siguientes razones:

a. Para que sirvan de recordatorio y advertencia a los supuestos musulmanes que abandonaron a su Profeta, para que así se apresuren y regresen a su religión[6].

b. Para que quienes no son musulmanes sepan quién es el Profeta a partir de las palabras de su propio pueblo, y puedan así ser guiados al Islam.

Le pido a ellos que no prejuzguen a la hora de buscar la verdad, o al leer éste o algún otro material islámico. Le pido a Dios que haga abrir sus corazones para que acepten la verdad, y que les muestre el camino correcto y los inspire a seguirlo.

 

¿Quién es el Profeta Muhammad (e)?

Su linaje:

Él es Abul-Qasim (padre de Al-Qasim) Muhammad, hijo de Abdullah, hijo de Abdul-Mutalib. Su linaje se remonta a la tribu de Adnan, hijo de Ismael [el Profeta de Dios, hijo de Abraham] que Dios exalte su mención. Su madre fue Aminah, hija de Wahb.

El Profeta (e) dijo:

‘Ciertamente Dios escogió la tribu de Kinanah sobre las otras tribus de los hijos de Ismail; Él escogió a los Quraish por sobre las otras tribus de Kinanah; Él escogió a Banu Hashim por sobre las otras familias de los Quraish; y me escogió a mí de Banu Hashim’. (Muslim, 2276)

 

Así, el Profeta (e) tiene el linaje más noble de este mundo. Sus enemigos así lo afirmaban; Abu Sufyan, quien era archienemigo del Islam antes de convertirse en musulmán, dijo frente al emperador Heraclio[7].

 

Abdullah b. Abbas, que Dios esté complacido con él, narró que el Mensajero de Dios (e) le escribió a César y lo invitó al Islam y le envió una carta que fue entregada al Gobernador de Busra, quien a su vez se la reenvió a César.

 

César, a manera de gratitud a Dios, fue caminando de Hims a Ilya (Jerusalén) cuando Dios le otorgó la victoria sobre las fuerzas persas. Entonces, cuando le llegó la carta del Mensajero de Dios, dijo después de leerla: “¡Busquen a cualquiera de su pueblo (árabes de la tribu Quraish), para preguntarle acerca del Mensajero de Dios!”. En ese momento, Abu Sufyan bin Harb se encontraba en Sham[8] con unos hombres de Quraish que habían llegado allí como mercaderes durante la tregua que había concluido entre el Mensajero de Dios y los incrédulos de Quraish. Abu Sufyan dijo: ‘El mensajero de César nos encontró en algún lugar de Sham y me llevó a mí y a mis compañeros a Ilya ante la presencia de César y lo encontramos sentado en su corte real con su corona y rodeado de altos dignatarios bizantinos. Él le dijo a su traductor: “Pregúntales quién de ellos tiene algún parentesco con el hombre que dice ser profeta’”. Abu Sufyan agregó:

 

 

‘Le respondí: “Soy su pariente más cercano”. Me preguntó: “¿Cuál es tu parentesco con él?”. Le respondí: “Es mi primo”, y no había nadie en la caravana de Bani Abd Manaf excepto yo. César dijo: “Que se acerque”. Y luego ordenó que mis compañeros se quedaran detrás de mí y le dijo a su traductor: “Dile a sus compañeros que le voy a preguntar a este hombre acerca del hombre que dice ser profeta. Si miente, deben contradecirlo inmediatamente’”.

Abu Sufyan agregó:

 

 

‘¡Por Dios! Si no hubiera sido una pena que mis compañeros me tildaran de mentiroso, no habría dicho la verdad sobre él cuando me preguntó. Pero me pareció una deshonra que mis compañeros me llamaran mentiroso, por lo que dije la verdad’.

 

‘Le dijo luego a su traductor: “Pregúntale a qué tipo de familia pertenece”. Le respondí: “Pertenece a una familia noble”. Luego dijo: “¿Alguna vez otra persona ha afirmado ser lo mismo que él dice ser?”. Le respondí: “No”. Luego dijo: “¿Alguna vez se lo ha acusado de mentir?”. Le respondí: “No”. Dijo entonces: “¿Alguno de sus ancestros fue rey?”. Mi respuesta fue: “No”. Luego agregó: “¿Lo siguen los nobles o los pobres?”. Le respondí: “Los pobres lo siguen”. Me dijo luego: “¿Lo siguen más o menos personas (cada día)?”. Le respondí: “Lo siguen cada día más”. Me dijo: “¿Algunos de los que adoptan su religión se desilusionan y luego dejan de lado su religión?”. Le respondí: “No”. “¿Rompe sus promesas?”, me preguntó. Le respondí: “No, pero en este momento estamos en una tregua con él y tenemos miedo de que nos traicione”.

 

Abu Sufyan añadió:

‘Fuera de esto último, no pude decir nada en su contra’. ‘Entonces César preguntó: “¿Alguna vez han tenido una guerra con él?”. “Sí”, le respondí. Me dijo: “¿Cuál fue el resultado de esas batallas con él?”. “A veces él gana, a veces, nosotros”, fue mi respuesta. Dijo entonces: “¿Qué cosas les ordena hacer?”. Le dije: “Nos dice que adoremos solamente a Dios, y que no adoremos a otros junto con Él, y que dejemos de lado todo aquello que adoraban nuestros ancestros. Nos ordena que oremos, que demos en caridad, que mantengamos la castidad conyugal, que cumplamos nuestras promesas y que devolvamos aquello que se nos confía’”.

 

‘Cuando dije eso, César le dijo a su traductor: “Dile: Te pregunté sobre su linaje y tu respuesta fue que pertenecía a una familia noble. De hecho, todos los Mensajeros venían del más noble de los linajes de sus respectivos pueblos. Luego te pregunté si alguien más decía ser lo que él dice ser, y tu respuesta fue negativa. Si la respuesta hubiera sido afirmativa, habría pensado que este hombre dice ser algo que ya se ha dicho antes que él. Cuando te pregunté si alguna vez lo acusaron de mentir, tu respuesta fue negativa, por lo que di por sentado que una persona que no le miente a la gente tampoco puede mentir sobre Dios. Luego te pregunté si alguno de sus ancestros fue rey. Tu respuesta fue negativa, y si hubiera sido afirmativa, habría pensado que este hombre pretende recuperar su pasado real. Cuando te pregunté si lo siguen los ricos o los pobres, me respondiste que son los pobres quienes lo siguen. De hecho, ellos son los seguidores de los Mensajeros. Luego te pregunté si sus seguidores son más o menos cada día. Me respondiste que cada vez son más. De hecho, eso es resultado de la verdadera fe hasta que está completa (en todo sentido). Te pregunté si había alguien quien, luego de adoptar su religión, se desilusionó y descartó su religión; tu respuesta fue negativa. De hecho, es una señal de la verdadera fe, pues cuando su placer entra y se mezcla completamente en los corazones, nadie se desilusiona. Te pregunté si alguna vez había roto una promesa. Tu respuesta fue negativa. Y así son los Mensajeros; nunca rompen sus promesas. Cuando te pregunté si alguna vez combatieron, me respondiste que a veces lo hicieron, y que en ocasiones él salía victorioso, y otras veces, ustedes. De hecho, así son los Mensajeros; son puestos a prueba y la victoria final siempre es de ellos. Luego te pregunté qué cosas les ordenaba hacer. Me respondiste que les ordenaba adorar solamente a Dios y no adorar a otros junto con Él, dejar de lado lo que sus ancestros solían adorar, ofrecer plegarias, decir la verdad, ser castos, cumplir las promesas, y devolver aquello que se le confía a uno. Esas son en realidad las cualidades de un profeta que yo sabía que vendría (según las Escrituras anteriores), pero no imaginaba que sería uno de ustedes. Si lo que dices es verdad, muy pronto él ocupará el suelo que está bajo mis pies, y si pudiera iría hacía él de inmediato para conocerlo y lavaría sus pies’”.

 

Abu Sufyan agregó:

‘César pidió la carta del Mensajero de Dios, la cual fue leída. La misma decía:

"En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo. De Muhammad, el siervo de Dios y Su mensajero a Heraclio, Soberano de los bizantinos: Paz para quien sigue la guía: Te invito al Islam, hazte musulmán y estarás a salvo y Dios te dará tu recompensa dos veces. Pero si das la espalda, sobre ti recaerá el pecado de tus súbditos. ¡Gente del Libro!, venid a una palabra igual entre nosotros: Que no adoréis sino a Dios y no le asociéis nada ni os toméis unos a otros por señores aparte de Dios y si dan la espalda, decid: Atestiguad que somos musulmanes.”.[Corán-3: 64]

 

Abu Sufyan agregó:

‘Cuando Heraclio terminó su discurso, se produjo un enorme clamor y un grito por parte de los dignatarios bizantinos que lo rodeaban, y había tanto ruido que no entendía lo que decían. Entonces, nos ordenaron que salgamos de la corte’.

‘Cuando salí con mis compañeros, al quedarnos solos, les dije: “Ciertamente, el asunto del Profeta ha ganado poder. El Rey de los bizantinos le teme”’.

Abu Sufyan agregó:

‘Por Dios, cada vez estaba más seguro de que su religión obtendría la victoria hasta que terminé por aceptar el Islam’. (Bujari, 2782)


Nacimiento e infancia

El Profeta (e) nació en el año 571 (según el calendario gregoriano) en la tribu de Quraish [considerada noble por todos los árabes] en La Meca [considerada la capital religiosa de la Península Arábiga].

Los árabes realizaban la peregrinación a La Meca, y caminaban alrededor de la Ka’bah construida por el Profeta Abraham y su hijo el Profeta Ismael, que Dios exalte su mención.

El Profeta (e) era huérfano. Su padre falleció antes de que él naciera, y su madre murió cuando tenía seis años. Su abuelo, Abdul-Mutalib, cuidó de él, y cuando murió, se hizo cargo su tío, Abu Talib. Su tribu y las otras tribus de la época adoraban ídolos de roca, madera e incluso de oro. Algunos de estos ídolos fueron ubicados en torno a la Ka’bah. La gente creía que estos ídolos podían alejar el mal o provocar el bien.

El Profeta (e) fue un hombre honesto y confiable. Nunca tuvo un comportamiento traicionero ni tampoco mentía ni engañaba; era conocido entre su gente como ‘Al-Amin’, o ‘El Honesto’. La gente le confiaba sus objetos de valor cuando se iban de viaje. También era conocido como ‘As-Sadiq’, o ‘El Sincero’, pues nunca mentía. Tenía buenos modales, era bien hablado y amaba ayudar a las personas. Su gente lo amaba y reverenciaba. Dios, el Altísimo, dice:

(Ciertamente eres de una naturaleza y moral grandiosas.)  [68:4]

Thomas Carlyle dijo lo siguiente en su libro 'Heroes, Hero-Worship and the Heroic in History':

‘... desde una edad temprana, se destacó como un hombre inteligente. Sus compañeros lo llamaban “Al Amin, El Fiel”. Fue un hombre fiel y veraz; sincero en sus acciones, en sus palabras, y en sus pensamientos. Siempre había un significado en lo que hacía y decía. Si bien era taciturno al hablar y callado cuando no había nada que decir, era pertinente, sabio y sincero cuando hablaba, y siempre echaba un manto de luz sobre el asunto. ¡Y esas son las únicas palabras que de verdad vale la pena pronunciar! En la vida, descubrimos que era considerado un hombre sólido, fraternal y genuino. Personaje serio y sincero, pero a la vez simpático, cordial, compañero e incluso jocoso – a pesar de todo, siempre reía: Hay hombres cuya risa es falsa, como todo lo que sale de ellos; hombres que no pueden reír. Él era un hombre espontáneo, apasionado, pero a la vez justo y sincero.

 

 

El Profeta (e) gustaba de recluirse en la caverna de Hira antes de que se le encomendara ser profeta. Se quedaba allí muchas noches seguidas.

Jamás engañó; no ingería bebidas embriagantes, tampoco se inclinaba frente a un ídolo o una estatua, tampoco juraba ante ellos ni les hacía ofrendas. Fue pastor de un rebaño de ovejas que pertenecían a su pueblo. El Profeta (e) dijo:

 

‘Todo Profeta encomendado por Dios fue pastor de un rebaño de ovejas’. Sus compañeros le preguntaron: ‘¿Incluso tú, Mensajero de Dios?’. Él respondió: ‘Sí, yo cuidé de un rebaño de ovejas para el pueblo de La Meca’. (Bujari 2143)

Cuando el Profeta Muhammad (e) cumplió cuarenta años, recibió una revelación divina; se encontraba en la caverna de Hira.

 

A’ishah[9], que Dios esté complacido con ella, dijo:

‘Lo primero que recibió el Mensajero de Dios (e) mientras se encontraba en la Caverna de Hira en La Meca, fueron buenas visiones [sueños]. Cada vez que tenía un sueño, se hacía realidad y se volvía claro como el alba. Más tarde, el Mensajero de Dios (e) comenzó a amar el estar solo meditando. Pasaba días y noches enteras para cumplir con su propósito en la caverna antes de regresar con su familia. Llevaba una ración de alimentos para su estancia. Cuando volvía con su esposa Jadiyah[10], que Dios esté complacido con ella, buscaba más alimentos frescos y regresaba a la Caverna a continuar meditando’.

‘La verdad le llegó cuando se encontraba en la Caverna de Hira. El ángel Gabriel (e) se acercó a Muhammad (e) y le ordenó que leyera. Muhammad (e) le respondió: “¡No sé leer!”. Gabriel (e) abrazó a Muhammad (e) hasta que éste no pudo respirar más, y lo soltó: “¡Oh Muhammad! ¡Lee!”. Nuevamente, Muhammad (e) respondió: “¡No sé leer!”. Gabriel (e) abrazó a Muhammad (e) por segunda vez. Luego le ordenó que leyera por tercera vez, y lo abrazó fuertemente hasta que no pudo respirar, y lo soltó diciendo: “¡Oh Muhammad!

(¡Lee! En el nombre de tu Señor, Quien creó todas las cosas. Creó al hombre de un cigoto. ¡Lee! Que tu Señor es el más Generoso.)[96:1-3]

 

El Mensajero de Dios (e) regresó temblando a su casa. Entró y le dijo a Jadiyah: “¡Cúbreme, cúbreme!”. Jadiyah, que Dios esté complacido con ella, cubrió a Muhammad (e) hasta que se sintió mejor. Luego le contó a su esposa lo sucedido en la Caverna de Hira. Dijo: “Temí por mi vida”. Jadiyah, que Dios esté complacido con ella, tranquilizó a Muhammad (e) diciendo: “¡Por Dios! ¡No debes preocuparte! ¡Dios, el Exaltado, nunca te humillaría! Eres bueno con tus semejantes. Ayudas a los pobres y necesitados. Eres generoso y hospitalario con tus huéspedes. Ayudas a quienes lo necesitan”. Jadiyah, que Dios esté complacido con ella, llevó a su esposo Muhammad (e) a casa de un primo de ella llamado Waraqah bin Nawfal bin Asad bin Abdul Uzza. Este hombre se había convertido al cristianismo durante la era pagana. Era escriba de Escrituras hebreas. Era un anciano que había perdido la vista en los últimos años de su vida. Jadiyah, que Dios esté complacido con ella, le dijo a su primo: “¡Oh primo mío, escucha lo que tu sobrino [es decir, Muhammad, que Dios exalte su mención] está a punto de contarte!”. Waraqah dijo: “¿Qué es lo que has visto, querido sobrino?”. El Mensajero de Dios (e) le contó lo sucedido en la Caverna de Hira. Al oír el relato, Waraqah dijo: “¡Por Dios! ¡Es el ángel Gabriel (e) quien se apareció ante el Profeta Moisés, que Dios exalte su mención. Ojalá pudiera yo estar con vida cuando tu pueblo te saque de La Meca!”. El Mensajero de Dios (e) preguntó: “¿Van a expulsarme de La Meca?”. Waraqah contestó afirmativamente diciendo: “Nunca un hombre ha transmitido un Mensaje similar sin que su pueblo haya entablado guerra contra él. Si llego a ser testigo de eso, te daré mi apoyo”. Waraqah falleció poco tiempo después de este incidente. Las revelaciones también cesaron de momento’. (Bujari, 3).

El versículo del Corán citado en el hadiz[11] anterior marca cuando comenzó su misión profética. Luego Dios, el Exaltado, le reveló:

(¡Oh, tú [Muhammad] que te envuelves en el manto! Levántate y advierte [a los hombres]. Proclama la grandeza de tu Señor, purifica tus vestimentas)  [74:1-4]

Este versículo del Corán marca el comienzo de su misión como Mensajero.

Con la revelación de este capítulo del Corán, el Profeta (e) comenzó abiertamente a convocar a su pueblo al Islam. Comenzó con su propio pueblo. Algunos se negaron a escucharlo porque los invitaba a algo que nunca habían visto antes.

El Islam es una forma de vida completa, que trata temas religiosos, políticos, económicos y sociales. Además, la religión del Islam no sólo los convocaba a que adoraran solamente a Dios y a dejar de lado todos los ídolos y cosas que adoraban; también prohibía cosas que consideraban placenteras, como la usura o el consumo de embriagantes, la fornicación y los juegos de azar. También convocaba a las personas a ser justas entre sí, y a conocer que no hay diferencia entre ellas salvo a través de una corrección en la forma de vida. ¡Cómo podía Quraish [la tribu más noble de los árabes] ser tratados de igual manera que los esclavos! No sólo se negaron totalmente a aceptar el Islam, sino que también insultaban al Profeta (e) diciendo que estaba loco, que era un hechicero y un mentiroso. Lo culpaban de cosas que no lo habrían culpado antes de la llegada del Islam. Incitaban a las masas y a los ignorantes a que se pusieran en su contra, y también torturaron a sus compañeros. Abdullah b. Masud, que Dios esté complacido con él, dijo:

‘Mientras el Profeta (e) se encontraba de pie orando cerca de la Ka’bah, un grupo de Quraish estaban sentados, y uno de ellos dijo: ‘¿Ven ese hombre? ¿Quién puede traer la suciedad y los desechos de los intestinos de los camellos, y esperar a que se incline para echárselos sobre sus espaldas? Los peores se ofrecieron para hacerlo, y cuando el Profeta (e) se postró, pusieron los desechos sobre sus espaldas, mas el Profeta (e) se quedó postrado. Rieron tan fuerte que casi se cayeron. Alguien fue a buscar a Fátima, que Dios esté complacido con ella, quien era apenas una jovencita, y le informaron de lo sucedido. Ella corrió hacia el Profeta (e) y le limpió la suciedad de la espalda, y luego dio la vuelta y maldijo a los de la tribu Quraish que se encontraban sentados en ese sitio’. (Bujari, 498).

Munib al-Azdi dijo: ‘Vi al Mensajero de Dios decirle a la gente durante la era pagana:

‘Atestigüen que no existe dios digno de alabanza excepto Dios si quieren alcanzar el éxito’. Algunos escupieron su cara, otros le arrojaron tierra en el rostro, y otros lo insultaron hasta el mediodía. Cada vez que una niña se acercaba con una vasija de agua, él se lavaba las manos y la cara y decía: ‘Oh hija, no tengas miedo de que tu padre sea humillado o agobiado por la pobreza’. (Mu’yam al-Kabir, 805).

Urwah b. az-Zubair dijo: ‘Le pedí a Abdullah b. Amr al-Aas que me contara lo peor que le hicieron los paganos al Profeta (e) y me dijo:

‘Uqbah b. Mu’ait se acercó al Profeta (e) mientras oraba cerca de la Ka’bah, y le retorció su túnica alrededor del cuello. Abu Bakr[12], que Dios esté complacido con él, se acercó rápidamente, tomó a Uqbah del hombro y lo alejó diciendo: ‘¿Vas a matar a un hombre porque proclama a Dios como su Señor y tiene señales claras de tu Señor?’ (Bujari, 3643).

Estos incidentes no detuvieron al Profeta (e) en su prédica. Convocó al Islam a muchas tribus que venían a La Meca a realizar la Peregrinación[13]. Algunos eran del pueblo de Yazrib, conocido hoy como Medina, y juraron serle leales y ayudarlo si optaba por ir a Medina. Él envió a Mus’ab b. Umair, que Dios esté complacido con él, con ellos para que les enseñara el Islam. Después de todas las dificultades que los musulmanes tuvieron que enfrentar por parte de su propio pueblo, Dios les permitió emigrar de su ciudad a Medina. El pueblo de Medina los recibió de una manera extraordinaria. Medina se convirtió en la capital del estado islámico, y el punto desde el que se comenzó a expandir la prédica del Islam.

El Profeta (e) se instaló allí y le enseñó a la gente la recitación coránica y la jurisprudencia islámica. Los habitantes de Medina se conmovieron enormemente con los modales del Profeta. Lo amaban más que a sí mismos; se esmeraban por servirlo y gastaban todo lo que tenían en su honor. La sociedad era fuerte y su pueblo era rico en términos de Fe y eran muy felices. La gente se amaba, y reinaba una verdadera hermandad entre las personas. Todos eran iguales; ricos, nobles y pobres, blancos y negros, árabes y no árabes – todos eran considerados iguales para la religión de Dios, no había ninguna distinción entre las personas salvo a través de la piedad. Luego de que la prédica del Profeta se expandiera en Medina, los mecanos atacaron al Profeta (e) en la primera batalla del Islam, la Batalla de Badr. Esta batalla tuvo lugar entre dos grupos desiguales en armamento y preparación. Los musulmanes eran 314, mientras que los paganos sumaban 1000 hombres pertrechados. Dios le dio la victoria al Profeta (e) y sus Compañeros. Luego de esta batalla, tuvieron lugar muchas batallas entre los musulmanes y los paganos. Luego de ocho años, el Profeta (e) pudo preparar un ejército de 10.000 hombres. Emprendieron la marcha hacia La Meca y la conquistaron, derrotando así a su pueblo, que lo había perseguido y torturado. Muchos musulmanes incluso habían sido obligados a abandonar sus propiedades y riquezas y huir para salvar sus vidas. Los derrotó de manera decisiva, y ese año fue llamado ‘El Año de la Conquista’. Dios, el Exaltado, dice en el Corán:

([¡Oh, Muhammad!] Cuando llegue el socorro de Dios y la victoria [la conquista de La Meca] y veas a los hombres ingresar en tropeles en la religión de Dios, glorifica y alaba a tu Señor por ello, y pide Su perdón; por cierto que Él es Indulgente.)  [110:1-3]

Luego convocó al pueblo de La Meca y les dijo:

‘¿Qué piensan que voy a hacerles?’. Ellos respondieron: ‘Sólo harás algo favorable; ¡eres un hermano bueno y generoso, y un sobrino bueno y generoso!’ El Profeta (e) dijo: ‘Vayan, son libres de hacer lo que deseen’. (Baihaqi, 18055).

Esa fue una de las tantas razones por las cuales muchos de ellos aceptaron el Islam. El Profeta (e) regresó luego a Medina. Después de un período de tiempo, el Profeta (e) realizó la peregrinación, por lo que se dirigió a La Meca con 114.000 seguidores. Esta Peregrinación es conocida como ‘La Peregrinación de Despedida’ dado que el Profeta (e) nunca realizó otra Peregrinación, y murió poco después de completarla.

Durante su Peregrinación pronunció el siguiente discurso:

"¡Oh gente! Escuchen mis palabras, debido a que no sé si he de encontrarme con vosotros, en  este lugar, después de este año. Vuestra vida y vuestros bienes son sagrados, como lo son sagrados este día de hoy, este mes y esta ciudad.

Todas las prácticas paganas quedan ahora anuladas bajo mis pies. Todo acto de venganza de los días del paganismo queda abolido. La usura de la época del paganismo queda abolida, empezando por el interés que se le debe a Abbas bin Abdul Muttalib (su tío). 

Teman a Dios en el trato a vuestras mujeres. Las han tomado bajo la protección de Dios y son lícitas para vosotros por la Palabra de Dios. Ellas no deben permitirle a nadie acercarse a vuestro lecho ni entrar en vuestras casas sin vuestro permiso. Los esposos tienen el deber de alimentarlas y vestirlas adecuadamente.

Les he dejado entre vosotros el Libro de Dios y mis enseñanzas, y si se aferran a ambas nunca se desviarán.

Oh gente, no habrá ningún Profeta luego de mi y ninguna nación después de la vuestra. Así que les recomiendo adorar a vuestro Señor, rezar las cinco oraciones, ayunar en el mes de Ramadán y dar el Zakat (derecho de los pobres) de vuestros bienes con agrado. Les recomiendo hacer la peregrinación a la Sagrada Casa de vuestro Señor y obedecer a aquellos que están encargados de vuestros asuntos, si hacen todo esto entrarán en el Paraíso de vuestro Señor. Si son preguntados acerca de mí, ¿qué dirán?" Contestaron: "Atestiguaremos que has transmitido y entregado el mensaje y nos has aconsejado." Entonces levantó su dedo índice hacia el cielo mientras decía: "Dios, Se testigo"

El Profeta (e) murió en Medina el 12 del mes lunar Rabi al-awal en el año 11 de la Hégira. El Profeta (e) fue sepultado también en Medina. Los musulmanes quedaron impactados al enterarse de su muerte; algunos Compañeros no creían lo que oían. Umar, que Dios esté complacido con él, dijo: ‘¡Quien diga que Muhammad ha muerto, lo decapitaré!’. Abu Bakr, que Dios esté complacido con él, dio un discurso, y recitó las palabras de Dios:

(Muhammad no es sino un Mensajero, a quien precedieron otros. ¿Si muriera o le dieran muerte, volveríais a la incredulidad? Mas quien volviera a ella, en nada perjudicará a Dios. Dios retribuirá a los agradecidos.)  [3:144]

Cuando Umar, que Dios esté complacido con él, oyó este versículo comprendió que el Profeta (e) había muerto. El Profeta (e) tenía 63 años de edad al morir.

Permaneció en La Meca durante cuarenta años, antes de ser encomendado como profeta. Luego vivió allí otros 13 años durante los cuales convocó a la gente al monoteísmo. Después emigró a Medina, donde vivió diez años. Allí recibió revelaciones constantemente, hasta que el Corán y la religión del Islam estuvieron completos.

George Bernard Shaw dijo:

‘Siempre he tenido un gran aprecio por la religión de Muhammad debido a su maravillosa vitalidad. Es la única religión que parece tener esa capacidad de asimilar las fases cambiantes de la existencia y que la hacen atractiva para cualquier época y edad – yo predije que la fe de Muhammad sería aceptable el día de mañana, ya está siendo aceptable en la Europa de hoy. Los eclesiásticos medievales, ya sea por ignorancia o fanatismo, pintaron al mahometanismo con los colores más oscuros. De hecho, fueron entrenados para odiar tanto a Muhammad como a su religión. Para ellos, Muhammad era el anticristo. Yo he estudiado a este hombre maravilloso, y en mi opinión, lejos de ser llamado el anticristo, debería ser llamado el Salvador de la humanidad’[14]


[1]Este término árabe significa: “quiera Dios honrarlo y protegerlo de todo mal.”

[2]Brahmán: miembro de la más alta de las cuatro castas hindúes: la casta sacerdotal.

[3]Fátima era una de las hijas del Profeta.

[4]Uno de los compañeros cercanos del Profeta, y el segundo Califa después de su muerte.

[5]Saa': es una medida de capacidad equivalente a cuatro palmos.

[6]La palabra traducida como religión es 'Din' que en árabe normalmente se refiere a un estilo de vida que es privado y público. Es un término que significa: actos de culto, vida cotidiana, práctica y política.

[7]Emperador del Imperio bizantino (610-641) quién conquistó Siria, Palestina y Egipto de Persia (613-628).

[8]Ésta es una región histórica en el Medio Oriente que orilla el mediterráneo. Incluye los estados modernos de Siria, Líbano, Palestina, y Jordania.

[9]Esposa del Profeta.

[10]Jadiyah fue la primera esposa del Profeta.

[11]La narración de una declaración, hecho, aprobación tácita o característica del Profeta.

[12]El compañero más íntimo del Profeta y el primer Califa del Islam después de su muerte.

[13]La peregrinación a La Meca.

[14]Enciclopedia de Sirah, por Afzalur Rahman. 

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