Aminah Assilmi, Ex-Cristiana, USA

Estaba completando un título en Recreación cuando me encontré por primera vez con musulmanes. Era el primer año en el que podíamos pre-registrarnos a través de un sistema de informática. Me pre-registré y fui a Oklahoma a encargarme de algunos asuntos familiares que me llevaron más tiempo de lo que pensé, por lo tanto regresé dos semanas después de comenzado el semestre (muy tarde para dejar un curso).

No me preocupaba ponerme al día con el trabajo perdido. Estaba a la cabeza de mi clase. Incluso como estudiante, ganaba premios compitiendo con profesionales.

Ahora bien, tienen que comprender que mientras asistía a la Universidad y me lucía, me encargaba de mi propio negocio, y tenía algunos amigos, era muy tímida. Mi expediente académico en realidad me tenía como demasiado reservada. Me costaba mucho conocer gente nueva y raramente hablaba con alguien a no ser que se me forzara a ello o si ya los conocía. Las clases que tomaba se relacionaban con la administración y planeamiento de la ciudad, y programación para niños. Los niños eran las únicas personas con las cuales me sentía cómodo.

Bien, regresando a mi historia. El listado de la computadora me dio una gran sorpresa. Estaba registrada para una clase de teatro… una clase en donde se requería que actuara frente a personas reales. ¡Estaba horrorizada! Ni siquiera podía preguntar algo en la clase, ¿Cómo iba a poder pararme en el escenario frente a las personas? Mi esposo con su personalidad calma y sensible, me sugirió que hablara con el profesor, explicara mi problema, y me escogiera para pintar el escenario o coser los trajes. El profesor estuvo de acuerdo en tratar de encontrar una manera de ayudarme. Por lo tanto, fui a la clase el martes siguiente.

Cuando ingresé a la clase, recibí mi segundo shock. La clase estaba llena de “árabes” y “camellos”. Nunca había visto uno, pero había escuchado hablar de ellos.

¡De ninguna manera me iba a quedar en un lugar rodeada de paganos! Después de todo, te puedes contagiar cualquier enfermedad de esas personas. Todos sabían que eran sucios, y tampoco eran confiables. Cerré la puerta y me fui a casa. (Yo llevaba puestos un par de pantalones de cuero, un top, y un vaso de vino en mis manos… peroelloseran los malos en mi mente).

Cuando le conté a mi esposo acerca de los árabes de la clase, y que no había forma en la cual yo volviese, respondió calmado como siempre. Me recordó que yo siempre afirmaba que Dios tenía una razón para todo, y que tal vez debía pensar en ello antes de tomar una decisión final. También me recordó que tenía una beca que pagaba mis clases, y que si quería seguir, tenía que mantener mi promedio (G.P.A). Tres horas crédito con una ‘F’ destruirían mis chances.

En los siguientes dos días, recé pidiendo ayuda. El jueves volví a la clase convencida de que Dios me había puesto allí para salvar a aquellos pobres ignorantes paganos del fuego del infierno.

Procedí  a explicarles como arderían en el fuego del infierno si no aceptaban a Jesús como su Salvador personal. Fueron muy educados, pero no se convirtieron. Luego, les expliqué como Jesús los amaba y había muerto en la cruz para salvarlos de sus pecados. Todo lo que tenían que hacer era aceptarlo en sus corazones. Fueron muy educados, pero aun así no se convirtieron. Por lo tanto, decidí leer su propio libro para mostrarles que el Islam era una falsa religión y que Muhammed era un falso Dios.

Uno de los estudiantes me dio una copia del Corán y otro libro acerca del Islam, y comencé mi investigación. Estaba segura de que encontraría la evidencia que necesitaba rápidamente. Bien leí el Corán y el otro libro. Y leí otros 15 libros más, Sahih Muslim y volví al Corán. ¡Estaba convencida de que los convencería! Mis estudios continuaron por el año y medio siguiente.

Durante este tiempo, comencé a tener algunos problemas con mi esposo. Estaba cambiando, muy poco pero lo suficiente como para molestarlo a él. Solíamos ir al bar todos los viernes y sábados, o a alguna fiesta, y yo ya no quería ir. Estaba más tranquila y más distante. El estaba seguro de que yo tenía un romance, entonces rompió conmigo. Me mudé a un departamento con mis hijos y continué mis esfuerzos para convertir a los musulmanes en cristianos.

Luego, un día, alguien tocó mi puerta. Abrí la puerta y vi a un hombre con una largo vestido blanco con un pañuelo cuadrille rojo y blanco en su cabeza. Lo acompañaban otros tres hombres en pijamas. (Era la primera vez que veía sus vestimentas culturales). Bien, estaba un poco mas que ofendida que esos hombres se presentaran en mi puerta en ropa de noche. ¿Qué clase de mujer pensaron que era? ¿No tenían orgullo o dignidad? ¡Imagínense mi shock cuando el del pañuelo dijo que tenía entendido que yo me quería convertir en musulmana! Rápidamente le informe que no quería ser musulmana. Que era cristiana, sin embargo, tenía algunas preguntas. Si tenían tiempo…

Su nombre era Abdulaziz Alshaikh, y se tomó todo el tiempo necesario. Fue muy paciente y discutió cada pregunta conmigo. Nunca me hizo sentir tonta o que la pregunta fuese entupida. Me preguntó si creía en la existencia de un solo Dios y dije que si. Luego me preguntó si creía que Muhammad, que la paz y las alabanzas de Dios lo acompañen, era Su mensajero. Nuevamente dije que si. ¡Me dijo entonces ya eres musulmana!

Conteste que era cristiana, que solo trataba de comprender el Islam. (Por dentro pensaba: ¡No puedo ser musulmana! ¡Soy Blanca y Americana! ¿Qué diría mi esposo? Si soy una musulmana, tendría que divorciarme de él. ¡Mi familia moriría!).

Continuamos hablando. Mas tarde, me explicó que alcanzar conocimiento y comprendimiento espiritual era algo como subir una escalera. Si subes una escalera y tratas de saltear algunos escalones, hay peligro de que te caigas. El testimonio de fe era solo el primer paso de la escalera. Todavía había algunos más.

Esa misma tarde, 21 de mayo de 1977 por la tarde, pronuncié mi testimonio de fe. Sin embargo, y como era mi naturaleza ser completamente sincera. Dije: “Soy testigo de que no hay otro dios mas que Dios y que Muhammad es Su Mensajero”, ‘pero, nunca cubriré mi cabello y si mi esposo toma otra esposa lo castraré’.

Escuché exclamaciones de otros hombres, pero Abdulaziz los silenció. Más tarde me enteré que les dijo a los hermanos que nunca discutieran esos asuntos conmigo. Estaba seguro que terminaría comprendiendo.

El testimonio de fe era ciertamente un paso firme en la escalera del conocimiento espiritual hacia Dios. Pero ha sido un paso lento. Abdulaziz continuó visitándome y respondiendo a mis preguntas. Que Dios lo recompense por su paciencia y tolerancia. Nunca me reprendió o actuó como si una pregunta fuese estúpida o tonta. Trató cada pregunta con dignidad y me dijo que la única pregunta tonta es la que no se formula. Mmmmm… mi abuela solía decir eso.

Me explicó que Dios nos había informado cómo buscar el conocimiento, y las preguntas son una de las maneras de lograrlo. Cuando me explicaba algo, era como ver una flor que se abría – pétalo por pétalo, hasta que llegaba a la Gloria. Cuando le decía que no estaba de acuerdo con algo y porque, siempre decía que estaba en lo correcto hasta cierto punto. Entonces me enseñaba como mirar mas profundamente y desde diferentes aspectos para llegar al entendimiento.  ¡Alhamdulillah [Para Dios es toda la alabanza]!

A lo largo de los años, tuve mis maestros. Cada uno especial, cada uno diferente. Estoy agradecida con cada uno de ellos y por el conocimiento que me brindaron. Cada maestro me ayudó a crecer y a amar más el Islam. Mientras crecía mi conocimiento, los cambios en mi se hicieron mas aparentes. Luego del primer año, vestía el hijab. No tengo idea cuando comencé a usarlo. Fue algo natural, que vino con el conocimiento y la comprensión. Al tiempo, incluso propuse la poligamia. Sabía que si Dios lo había permitido, tenía que haber algo bueno en ello.

“Glorifica a tu Señor, el Altísimo, Quien creó todas las cosas a la perfección, y decretó para cada ser su función. Quien hace brotar todo tipo de cultivos y hierbas, y luego las convierte en heno seco. [¡Oh, Muhammad!] Haremos que memorices [el Corán], lo recites y no lo olvides. Salvo que Allah quiera [abrogar algún precepto], pues Él conoce lo manifiesto y lo oculto. Te facilitaremos todos tus asuntos.” (Corán 87:1-8)

Cuando comencé a estudiar el Islam, no esperé encontrar algo que necesitaba o quería para mi vida personal. Poco sabía que el Islam cambiaría mi vida. Ningún humano podría haberme convencido de que finalmente estaría en paz y llena de amor y alegría debido al Islam.

Este libro habla del UNICO DIOS, EL CREADOR DEL UNIVERSO. Describe el hermoso modo en el cual Él organizó el mundo. El maravilloso Corán tiene todas las respuestas. ¡Dios es el cariñoso! ¡Dios es la fuente de paz! ¡Dios es el Protector! ¡Dios es el que perdona! ¡Dios es el que concede el sustento! ¡Dios nos mantiene! ¡Dios es el generoso! ¡Dios es el Responsable! ¡Dios es el amigo protector! ¡Dios es el que nos expande!

“Por cierto que te hemos abierto el pecho [disponiéndolo para que pueda recibir la profecía], y liberado de la carga [de tus faltas anteriores] que te pesaba. Y hemos elevado tu reputación [hasta ser mencionado junto con Allah en el Testimonio de Fe]. [Debes saber ¡Oh, Muhammad! que] Luego de toda dificultad viene un alivio, y ciertamente que luego de toda dificultad viene un alivio.”(Corán94:1-6)

El Corán habla de todos los asuntos relacionados a la existencia y muestra un claro camino al éxito. ¡Era como un mapa, un manual del usuario para toda la vida!

Cómo el Islam cambió mi vida

“Cuánto más amamos la luz… Una vez que vivimos en la oscuridad”.

Cuando abracé el Islam, no pensé realmente que eso afectaría mucho mi vida. El Islam en realidad no afectó mi vida. La cambió por completo.

Vida familiar: Mi esposo y yo nos amábamos profundamente. Ese amor todavía existe. Aun así, cuando comencé a estudiar el Islam, comenzamos a tener algunos problemas. Me vio cambiar y no comprendía lo que sucedía. Tampoco lo comprendía yo. Pero luego, ni siquiera me percaté de que estaba cambiando. El decidió que lo único que podría haber estado logrando ese cambio en mi, era otro hombre. No había manera de hacerle comprender lo que me estaba haciendo cambiar porque ni siquiera yo lo sabía.

Después de que me di cuenta de que era musulmana, eso no ayudó al asunto. Después de todo… la única razón por la cual la mujer cambia algo fundamental en su religión es otro hombre. No podía encontrar evidencias de otro hombre… pero tenía que existir. Terminamos en un horrible divorcio. Las cortes determinaron que la religión poco ortodoxa sería determinante para el desarrollo de mis hijos. Por lo tanto, me quitaron la custodia.

Durante el divorcio, hubo momentos en los cuales me dijeron que tenía otra opción.  Podía renunciar a esta religión y vivir con mis hijos, o renunciar a mis hijos y vivir con esta religión. Estaba en shock. Para mi esta no era una opción. Si renunciaba a mi Islam… le estaría enseñando a mis hijos como ser engañoso, ya que no había manera de negar que esto estaba en mi corazón. No podía negar a Dios, no en ese entonces, ni nunca.  Recé como nunca lo había hecho antes. Después de que pasaron los treinta minutos, sabía que no había un lugar mas seguro para mis hijos que bajo el cuidado de Dios. Si lo negaba, no había manera en el futuro de que mis hijos estuvieran bajo el cuidado de Dios. ‘¡Esto no fue un rechazo hacia mis hijos!

Dejé las cortes sabiendo que la vida sin mis bebes sería muy difícil. Mi corazón sangraba, aunque sabía, dentro  de mí, que había hecho lo correcto. Encontré consuelo en Ayat-ul-Kursi.

“¡Allah! No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Él, Viviente, se basta a Sí mismo y se ocupa de toda la creación. No Lo toma somnolencia ni sueño. Suyo es cuanto hay en los cielos y la Tierra. ¿Quién podrá interceder ante Él sino con Su anuencia? Conoce el pasado y el futuro; y nadie abarca de Su conocimiento salvo lo que Él quiere. Su Trono se extiende en los cielos y en la Tierra, y la custodia de ambos no Le agobia. Y Él es Sublime, Grandioso.” (Corán 2:255)

Esto también hizo que comenzara a ver todos los atributos de Dios y a descubrir la belleza de cada uno.

La custodia de mis hijos y el divorcio no fueron los únicos problemas que tuve que enfrentar. El resto de la familia tampoco aceptó mi decisión. La mayoría de la familia se rehusó a tener contacto alguno conmigo. Mi madre creía que era solo una etapa y que saldría de ella. Mi hermana, la experta en ‘salud mental’ estaba segura de que simplemente había perdido la cabeza y que debían internarme. Mi padre creía que me debían matar antes de que mereciera un lugar mas profundo del Infierno. De repente me encontré sin esposo y sin familia. ¿Qué vendría luego?

Amigos: La mayoría de mis amigos se alejaron durante el primer año. No era más graciosa. Ya no quería asistir a fiestas o bares. No me interesaba encontrar un novio. Todo lo que hacia era leer ese ‘estúpido’ libro (el Corán) y hablar del Islam. Que aburrimiento. Todavía no poseía en conocimiento suficiente como para ayudarlos a comprender lo hermoso del Islam.

Trabajo: Mi trabajo era lo próximo. Aunque había ganado cada premio en mi categoría y era reconocida como lanzadora de nuevas tendencias y buena comerciante, el día que me puse el hijab, fue el final de mi trabajo. Ahora no tenía familia, amigos ni trabajo.

En todo esto, la primera luz fue mi abuela. Ella aprobó mi decisión y se unió a mí. ¡Fue una sorpresa! ¡Siempre supe que era una persona de mucha sabiduría, pero esto! Murió pronto después de lo ocurrido. Cuando me detengo a pensar en ello, hasta me pongo celosa. El día  que pronunció su testimonio de fe, todos sus errores fueron perdonados, mientras que sus buenos actos fueron aceptados. Murió pronto después de aceptar el Islam y yo sabía que su ‘LIBRO’ estaba a destinado a ser pesado del lado bueno. ¡Me llena de alegría!

Cuando creció mi sabiduría y me sentía capaz de responder preguntas, muchas cosas cambiaron. Pero, fueron los cambios en mí como persona los que tuvieron el mayor impacto. Unos pocos años después de aceptar el Islam, mi madre me llamó diciendo que no sabía lo que era ‘esto del Islam’, pero que esperaba que yo siguiera con eso. Le gustaba lo que estaba haciendo conmigo. Unos años mas tarde me volvió a llamar y me preguntó que tenía que hacer una persona para convertirse en musulmana. Le dije que todo lo que una persona tenía que hacer era saber que existía solo UN Dios y que Muhammed era su Mensajero. Su respuesta fue: “Cualquier tonto sabe eso, ¿Qué se debe hacer? Repetí la misma información y ella dijo: “Bien… OK. Pero no le digamos a tu padre todavía”.

Poco sabía que él había pasado por la misma conversación unos años antes. Mi padre real (el que pensaba que debía matarme) lo había hecho unos meses antes. Luego, mi hermana, la persona de “la salud mental”, me dijo que yo era la persona mas liberada que jamás había conocido. Viniendo de ella era el mejor cumplido que podría haber recibido.

En lugar de contarte acerca de cada persona que aceptó el Islam, simplemente diré que más miembros de mi familia continuaron encontrando el Islam cada año. Fue una felicidad especial cuando un querido amigo, el hermano Qaiser Imam, me dijo que mi ex esposo había anunciado su testimonio de fe. Cuando el hermano Qaiser le preguntó por qué, él dijo que porque me había observado durante 16 años y quería que su hija tuviera lo mismo que tuve yo. Vino y me preguntó si lo perdonaba por todo lo que había hecho. Lo había perdonado mucho antes.

Ahora mi hijo mayor, Whitney, ha llamado, mientras estoy escribiendo este libro y me ha anunciado que él también quiere convertirse en musulmán. Planea anunciar su testimonio de fe en la Convención ISNA en un par de semanas. Por ahora está aprendiendo lo mas que puede. Dios es el Más Misericordioso.

A lo largo de los años, me he hecho conocida por mis charlas acerca del Islam, y muchos oyentes han elegido ser musulmanes. Mi paz interior ha continuado creciendo con mi conocimiento y confianza en la sabiduría de Dios. Sé que Dios no es sólo el Creador sino, mi amigo más estimado. Sé que Dios estará siempre allí y nunca me abandonará. Ya que cada paso que hago hacia Dios, Él hace diez hacia mí. Que hermoso conocimiento.

Es verdad, Dios me ha probado, como se prometió, y me ha recompensado por ello más de lo que jamás hubiese imaginado. Unos pocos años atrás, los doctores me anunciaron que tenía cáncer y que era terminal. Me explicaron que no había cura, que estaba muy avanzado, y procedieron a ayudarme a prepararme para mi muerte explicándome que esta enfermedad progresaría. Tenía al menos un año de vida. Estaba preocupada por mis hijos, especialmente el menor. ¿Quién lo cuidaría? Igualmente no estaba deprimida. Todos debemos morir. Estaba segura de que el dolor que experimentaba tenía grandes bendiciones.

Recordé a un buen amigo, Karim Al-Misawi, quien murió de cáncer todavía en sus 20 años. Poco antes de su muerte, me dijo que Dios era verdaderamente Misericordioso. Este hombre se encontraba sufriendo un increíble dolor e irradiaba el amor de Dios. Él dijo: “Dios pretende que yo entre a los cielos con un libro limpio”. Su experiencia de muerte me hizo reflexionar. Me enseñó acerca del amor de Dios y de su Misericordia. Esto era algo que nadie mas había realmente discutido. ¡El amor de Dios!

No tardé mucho en conscientizarme de Sus bendiciones. Amigos que me amaban salían de la nada. Se me entregó el regalo de hacer la peregrinación. Incluso algo mas importante, aprendí cuan importante fue para mi compartir la verdad del Islam con todos. No me importaba si las personas, musulmanes o no, estaban de acuerdo o si yo les agradaba. Me alegró mucho, ya que recordé haber leído que si Dios te ama, Él hace que los demás te amen. No merezco todo ese amor. Eso significa que debe ser otro regalo de Dios. ¡Dios es el Mejor!

No hay manera de explicar como cambió mi vida. Alhamdulillah (Para Dios es toda la alabanza) Soy tan feliz de ser una musulmana. El Islam es mi vida. El Islam es lo mejor de mi corazón. El Islam es la sangre que corre a través de mis venas. El Islam es mi fuerza. El Islam es mi vida tan maravillosa y hermosa. Sin el Islam, no soy nada, y si Dios me diera la espalda alguna vez, no sobreviviría.

“¡Oh Señor! Pon luz en mi corazón, luz en mis palabras, en mis oídos, pon luz en mis ojos, y detrás de mí, y delante de mí, encima y por debajo de mí. ¡Oh Allah! Dame luz.” (Sahih Al-Bujari)

“Oh Señor perdóname tanto los pecados que cometí como lo que dejé de hacer, y aquellos que haya cometido en secreto y públicamente, y lo que haya malgastado, como también de aquellas cosas que Tú bien sabes de mí. Tu eres el Muqaddim (el que adelanta lo que ya había predestinado) y el Muajjir (el que retrasa lo que ya había predestinado) no hay dios salvo Tú.” (Sahih Al-Bujari)

Por Aminah Assilmi

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